Eurobasket: ¿dónde estabas entonces…?

•Septiembre 22, 2009 • 1 comentario

Por fin España ha gando un europeo de baloncesto, por fin, después de ese gatillazo que aconteció en Madrid hace dos años. Aquel partido estaba perdido, a puntuaciones corttas España pierde y eso lo sabe cualquiera que les siga de un tiempo a esta parte. Culpar a la mala suerte del último tiro es la excusa fácil.

En Polonia nos han demostrado que pueden hacer lo que quieran. Empezaron jugando andando y acabaron destruyendo a quien se les ponía por delante. Empezaron jugando como en un patio de colegio ya cabaron jugando manejando los conceptos a la perfección. Circulación de balón, contraataque y defensa intensa. Gasol galáctico y Rudy al 110%, protestando, eléctrico. Esto demuestra que es un equipo muy formado, que da igual quién sea el entrenador, y que ya tienen mentalidad ganadora. Jugar como lo hacen los clásicos griegos y paises del este, esforzándose cuando tienen que hacerlo, adaptándose a las circunstancias de cada partido, optimizando su estado físico (no como hace dos años… que llegaron con las gafas a la final). Puede sonar chulesco, pero sabían perfectamente que podían ganar a cualquiera, y aunque con Turquía la cagaron, lo que hicieron fue jugar a medio gas para llegar a la fase final con la certeza de que iban a ganar. A Turquía y Francia creo yo que les paso lo contrario, aunque con equipos de menos calidad. Dando el cien por cien en todos los partidos previos cayeron cuando la cosa realemente importaba.

Pero vamos que ya tenemos todo menos las olimpiadas y lo hna ganado casi los mismos. El caso es que el día que Gran Bretaña podría habernos mandado a casa haciendo un ridículo espantoso y que me habría llevad a atacarlos usando exactamente los mismos argumentos que estoy usando para defenderlos, mi padre (aficionado extremo al baloncesto) y yo tuvimos una conversación que me lleva a atacar a todos los que se apuntan al carro. “Papá, estoy viendo el fantasma de Angola”. “Sí, sí,…” contestó él.

El domingo cuando ya estaban celebrando me acordé de esa conversación. Y me acordé de todos los ridículos y robos que he vivido con él y su indignación. Y me lleva a preguntar:

-¿Dónde estabas cuando España perdió con Angola en sus olimpiadas después de haber sido tercera en el europeo del año anterior?

-¿Dónde estabas cuando Alemania nos echó en cuartos (era la anfitriona) en el 93?

-¿Dónde estabas cuando los nuestros perdieron contra China en el mundial de Toronto?

-¿Dónde estabas cuando Grecia nos echó en cuartos de final del 95 (otra vez anfitriones y con árbitros de aquella manera? ¿y cuándo ni si quiera jugó las olimpiadas del 96?

-¿Dónde estabas cuando en el 97 una sleección a reformar pasó sin pena ni gloria jugando en casa y quedando 5ª?

-¿Dónde estabas cuando en 1998, después de un buen mundial, nos tocó la anfitriona Grecia y nos mandó a casa pese a tener al mejor anotador del torneo (Herreros, que no había hecho nada aquella temporada?

-Os diré donde estaba yo cuando la plata del 99, en Canadá, siguiendo como jodidos un campeonato que en NOrteamérica no importaba a nadie. Curiosamente hicieron un torneo my regulero, pero acabaron ganando a Yugoslavia con un equipazo y se metieron en una final que una Italia espectacular con Tanjevic (ahora en Turquía) nos ganó.

-¿Y el ridículo de Sidney? Pfffff

A partir de 2001 las cosas empezaron a funcionar más o menos, pese a algunas putaditas, como Yugoslavia en 2001 (visto en casa de Laura Herrero sin su curioso alias), que tenía un equipazo. Nowitzki nos dejo el ojete humeando en 2002. Un delincuente como Marbury nos avasalló en Atenas en un partido que estaba casi perdido de primeras contra EE. UU. en cuartos de las olimpiadas de Atenas. El cuarto puesto de Serbia en 2005 fue una putada porque se fueron con una palzia a casa. Pero tal que mal, están dándolo todo, pese a que el Oro se resistía.

Me alegro por la gente como mi padre que siguen esto desde la adolescencia, la mayoría que campeonatos y desastres que echo en cara los he vivido de refilón pero si recuerdo los partidos contra Grecia. Así que estás palizas que les damos últimamente en partidos decisivos me dan la vida. Ellos nos ganaban en los cuartos, ahora nosotros los reventamos cuando importa.

Saludos a todos y a ver que pasa en Turquía el año que viene.

PD: acabo de mirar y es que España perdió dos veces contra Angola en 1992. ¡Qué ridículo!

“I don’t know when I’ll be back, so I’m going to give everything I’ve got”

•Septiembre 15, 2009 • 4 comentarios

Después de dos canciones, Leonard Cohen le dijo eso a un palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid lleno hasta la bandera.

El sábado 12, mis padres, Quique y yo, fuimos a ver a Mr. Cohen, desde muy lejos, pero muy bien.Viendo al bardo de Montréal desde uno de los palcos de la quinta planta, disfrutamos de tres horas brutas de concierto, a las que hay que restar un cuarto de hora de descanso. Cohen vino con dos jamelgas, su negraza de confianza y una banda de lo más correcta. Puede que algunas canciones no estuviesen arregladas como más nos hubiese gustado. Pero era él, y estaba relativamente cerca y su voz te llegaba hasta las entrañas. No se dejó ni una, bueno puede que “Hey, that’s not way to say goodbye”, pero no se le podía pedir más.

Empezó con la canción que un día le dije a Kurtis que e gustaría bailar con una mujer en mi cuarto, a ser posible descalzo y una mañana de domingo, “Dance me to the end of love”. Y después desplegó, como bien había dicho, todo lo que tenía. El disco “I’m your man” lo cantó prácticamente entero, dejando “Jazz Police” (no me gusta, así que da igual) fuera, pero tocando “ain’t no cure for love”, que bueno, no está mal tampoco. Es cierto que el “Bird on a Wire” estaba sobrearreglada, pero era el primer clásico clásico, todo el mundo estaba muy dentro ya. Doña Isabel, exigente tardó en entrar en el concierto, ya que a ella lo que le gusta de Leonard es cuando canta casi el solo. Pero bueno. De la primera parte del concierto me quedo con “Who by fire”. Empezó con una larguísima introducción a cargo del guitarrista Javier Mas (español). A mí estas cosas me repatean normalmente, pero aquí quedó muy bien, con Cohen fuera de foco y los ojos oscurecidos por su sombrero. Entonces empezó el temazo, que fue el antepenúltimo antes del primer parón.

Cuando volvió, tiró ya de la buena mierda. Empezó con “Tower of song”. Me acordé mucho de mis chicos de Segovia, porque la letra dice “si quieres clavar chinchetas en mi muñeco vudú, hazlo”. En esta segunda parte tocó “Suzanne”, que sorprendentemente no era la que más esperaba. También “Sisters of Mercy” (su trío con unas monjas) y “The Partisan”. Ésta última se fue de las manos por vaias razones. La primera fue provocada por el hecho de girarme a la izquierda y ver a mi madre con ojos vidriosos, ya que era la primera canción que escuchó del canadiense, hace 40 años. La segunda por que con la voz “nueva” quedó muy muy bien y la tercera es simplemente que es una canción cargada de política, pero también de amistad. “Hallelujah” es un temazo un poco quemado gracias a JEff Buckley y una concursante del OT inglés. Pero verle arrodillado cantándola, como en muchos otros temas, llenó el recinto de emoción. No obstante, puede ser uno de sus mayores “hits”. Poco después vino uno de mis hits personales, “I’m your man”, lleno de frases enormes, pero con un tono muy ambiguo. Puede ser un hombre que se arrodilla o un “conosseur” que dice a una muejr lo que más quiere oír. Pese a todo es totalmente irónico, pues sea lo que sea me da la sensación de que se está riendo de los dos tpos de hombre. Eso sí, cuando dice “si quieres que sea un doctor, exploraré cada pulgada de tu cuerpo” desmoronamiento. Cada vez que cerraba una estrofa diciendo “soy tu hombre” el pabellón se venía abajo.

Después tocó, entre otros temazos. “Take this waltz”, su versión del “Pequeño vals vienés” de Lorca. Larga, con su acordeón, con sus cosas, sus chicas cantando. Pero algunos nos dimos cuenta de que había una pareja, creo que de cincuentones, aunque estaban bastante lejos, bailando al son de la canción. Y yo no podía mirar a Leonard, porque esa muestra de amor del uno al otro y de amor hacia la canción era para no perdérsela. Era la demostración del tono litúrgico que tiene un concierto de un artista de estas características.

Mi otro emazo esperado era “Famous blue raincoat”. Hace poco me enteré de que está escrito con métrica clásica adaptada. Me parecía la hostia, desde entonces más. Es una carta que escribe un hombre a un amigo, después de una situación extraña con respecto a la mujer del que escribe, que al final resulta ser el propio Cohen. Algo así como un matrimonio que permanece unido después de que ella le ha engañado con su mejor amigo, distanciándose ambos. Básicamente es una de esas canciones que no debes escuchar si estás un poco jodido pero que lo haces igual. Es como si te arrancasen el corazón y te lo enseñasen con cara melancólica. Es una de las canciones más sentidas por Coehn y más esperadas por el público que escuchaba silencioso la confesión, la confidencia.

Para apañar un poco el desaguisado tocó el último clásico de la noche, “Chelsea Hotel nº2″. Es curioso porque la canción puede parecer una tirada de pisto muy gorda, pero acaba siendo un perfecto homenaje a Janis Joplin. Empieza recordando la mamada que le hizo la blanca de la voz negra en el célebre hotel de Nueva York. Pero la canción “degenera” en una reivindicación de ambos, pero sobre todo de Joplin. “Somos feos pero nos queda la música”, probablemente Calamaro lo plagió de aquí, que es muy dado a ello (y lo reconoce, no como otros) aunque en un tono más jocoso. Cargando contra los guapos del rock y echando de menos a su ligue de una noche o su amiga o lo que fuese. Es la canción que no querríamos escuchar cuando muera alguien con el que nos hemos liado creo yo. “Al final tuviste que marcharte, ¿verdad?”, aliñada con las dudas de si la necesita o no la necesita, de lo que pudo haber sido y no fue. Desgarradora, 34 años después, en boca de un hombre de 73 años trajeado de negro y con el pelo cano.

Cerró con dos temas menores, a mi gusto. “Closing time” simplemente elegida por el título. Las ovaciones fueron larguísimas, emocionadas y emocionantes. De hecho, en la última parte del concierto, un montón de gente se abalnzó para acercarse al escenario y verle de cerca. yo no pude y estaba muriéndome de la envidia, pero a la vez paralizado por todo lo que rodea a este poeta/músico/miembro no oficial de mi familia. Acabó diciendo “Gracias por mantener vivas mis canciones durante todos estos años, conducid con cuidado, que Dios os bendiga”. Después se marchó. Cuando dejamos el recinto prácticamente no hablamos del concierto, simplemente nos fuimos. Sospecho que cada uno de los cuatro tenía su mierda en la cabeza, que estaba pensando en lo que había oído, en lo que había visto y en el acuerdo tácito de conservar el arte de Cohen.

Música Edipo

•Septiembre 11, 2009 • Dejar un comentario

El concepto música Edipo lo creamos Lorenzo y yo un día bajo los efectos del THC mientras le enseñaba canciones que escuchaba de pequeño cuando mi madre me llevaba en coche, o los días de otoño por la tarde. Son esos artistas, que aunque a mucha gente le cuesta creer, llevo escuchando toda mi vida. Como mañana me voy a ver a Leonard Cohen con mis padres y el Quique, pues he decidido escribir sobre ello.

La música Edipo cuenta en sus filas con, obviamente Leonard Cohen y también con los obvios Beatles, pero de ellos no voy a hablar que estaréis hasta los huevos del Abbey Road y lo gilipollas que eran Lennon y McCartney hacia el final de la banda. Pero sí hablaré de Neil Young, Simon & Garfunkel, Van Morrison o Bruce Springsteen, que llenaron mis viajes en coche.

Desde muy pequeño recuerdo a Neil Young, porque había una cinta circulando de su disco “Harvest Moon” de 1992, entre otros temazos yo recuerdo especialmente dos: “War of  Men” y el tema homónimo. La primera me gustaba mucho de pequeño pero la escuche hace poco y tendría mejor que haberme quedado con el recuerdo. Pero “Harvest Moon” es un temazo tan gordo, que incluso intenté aprendérmela con la guitarra. La luché pero nunca tenía el glamour que le daba Neil. De hecho me la sigo poniendo de vez en cuando y lo primero que me viene a la cabeza es mi madre conduciendo volviendo de Madrid de alguna de las miles de consultas del dentista a las que tuve que ir durante mi infancia. Con los brackets cayéndose debido a mi fuerte esmalte, Neil Young cantaba sobre el baile de la cosecha. Y por mucho tiempo que pase sin escuchar la canción, siempre me acuerdo de la letra y siempre me viene ese recuerdo a la cabeza.

En cambio, de Simon & Garfunkel, con cachondeo añadido ya que Art y yo a veces usamos el mismo corte de pelo, recuerdo más domingos por la mañana que otra cosa. SObre todo cuando escucho “Bridge over troubled water” o “Scarborough Fair”, claro que los recuerdos de esta última canción están salpicados por el robot que la canta en un capítulo de Futurama. Pese a que el dúo me gusta, tampoco es la música que más relaciono con los viajes en coche con mi madre, con sus guantes de cabritilla, aunque si el “Graceland” de Paul Simon, tan en boga ahora por la reivindicación de Vampire Weekend y Dirty Projectors. Esa cinta ha estado siempre en alguno de los coches de mi casa.

Bruce Springsteen merece capítulo a parte, porque era algo así como la mezcla entre ídolo y sex symbol. En mi casa sobre todo se ha escuchado “The River” en vinilazo… ahí es nada. Teníamos el “Tunnel of lOve” en el coche pero era una buena mierda, quitando un pastelito de canción que no recuerdo como se llamaba, pero que utlizaron en alguna peli ochentera. Pero “The RIver” es una delicia. Más yanqui no puede ser (no espera sí, “Born in the USA”), y de entrañable y esa canción singleazo con el surco destruido de tanto ponerlo que es “HUngry Heart”… madre mía. Doña Isabel todavía guarda en su cartera la entrada del concierto del Boss del Calderón en el año 1982 o por ahí, creo que yo estaba pensado pero ni mucho menos concretado.

Van Morrison será de los que más me ha acabado gustando con el tiempo. El problema es que mi madre siempre ha escuchado a un Van Morrison que no molaba tanto, un poco mayor y ya un poco gilipollas, aunque glorioso de todas maneras. Claro que hubo un punto en el que el pequeño Saltamontes compró el “Astral Weeks” y le dio la vuelta a la tortilla enseñándole a madre lo que de verdad daba de sí el león de Belfast. Una vez escuchas “Ballerina”, “Beside you” o “The Way young lovers do”, dejas de ser el que eras para convertirte en alguien mejor.

Pero Leonard Cohen está en otra liga totalmente diferente. Mi madre tenía en casa el mítico best of, que también tiene Quique, en el que Cohen hace un pequeño comenatario sobre cada canción incluida. Solo el comentario ya te pone los pelos como escarpias. Después tenía su primer álbum y el infravalorado “New Skin for the old ceremony” en cinta para el coche. Lo que se me viene a la cabeza cuando escucho el “New skin…” es el mini traqueteando de noche bajando por la cuesta de los hoyos después de haber cenado de tapas una noche de verano, probablemente en las Cuevas de San Esteban, donde una vez llevé al Charlie y Maral, aquella chica armeno-canadiense.

Mi madre me contó hace poco que la primera vez que escuchó a Leonard Cohen fue en Francia, en uno de esos viajes de verano a los que iban mi madre y mis tíos. Fue en 1969, y pusieron “The Partisan” por la radio. Y dice que desde entonces no ha parado de escucharlo. Con eso, yo llevo toda mi vida, consciente o inconscientemente escuchando a Leonard Cohen, unas veces con más intensidad que otras. La última visita de María Eugenia por Madrid, coincidió con una temporadita en la que estaba todo el día escuchándole. Es curioso porque a mi siempre me ha gustado empaparme con su música en otoño o en su defecto, de noche. Pero esto fue a finales de julio cuando el calor empezaba a poner los cojones encima de la mesa (y todavía no los ha quitado). También hubo una época en que Mercedes me relacionaba con Leonard Cohen y la verdad es que a mí me encantaba.

Así que nuestra cita de mañana tiene mucho de celebración: su cunpleaños, su recuperación, su 30 aniversario de boda y los 40 años de escuchar a Mr. Cohen. Son muchas cosas y tengo muchas razones para estar un poquito enmadrao.

LOS TEMAZOS:

PD: podría liarme a poner canciones de Leonard y no paraba