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Sosa cáustica inglesa: (II) Pulp

1 abr

Pulp no es “Common People”, igual que Billy Wilder no es “Con faldas y a lo loco”. Eso es reducir a unos genios a una sola obra maestra. Una obra maestra siempre puede ser fruto de varias casualidades. Pero cuando has estado alrededor de 15 años echando sal en las heridas, metiéndote con el vecino y quejándote de lo poco y mal que follas en forma de canción pop hay que tenerte un respeto. Y eso es lo que se merece Pulp en general y Jarvis Cocker en particular.

Hay dos tipos de personas: los que oyen y bailan a Pulp y los que escuchan y bailan a Pulp. Yo soy de los segundos, pero conozco a muchos del primer tipo. Pulp son al brit-pop de los noventa lo que los Kinks a la British Invasion de los 60. El tapado. Estaban Oasis, Blur e incluso Suede por encima, pero en mi opinión, Pulp se los come a todos por los pies. Oasis (yo era/soy muy fan) son muy simplones y tienen muy poco donde rascar, a Blur nunca les pillé el punto pero entraron en un juego estúpido con Oasis que dañó la calidad musical de ambos y Suede, bueno Suede molaban mucho pero acabaron haciendo unos ridículos espantosos cuando decidieron dejar la violencia contenida y la oscuridad y tiraron por el glam. En cambio Jarvis siempre hizo su propia guerra. Se metía en broncas, claro, pero es que ya tenía muchas tablas cuando empezó todo el numerito rosa del britpop.

Hay gente que no sabe que Pulp era un grupo underground que en 1993, año de publicación de Intro: The Gift Recordings en Island Records, ya tenía publicados tres discos, It (1983), Freaks (1987) y Separations (1992). Esos discos son oscuros, no eran fáciles de encontrar y son algo así como Pulp en bruto. Lo que quiero decir es que tardaron como 10 años en empezar a meter la cabecita y todo ese fracaso que acarreaban de sus primeras experiencias discográficas les hizo ser más fuertes cuando sí tuvieron éxito. Además son de Sheffield.

Pulp tiene la habilidad de hacer de una decepción personal un hit, de la mala hostia un rompepistas y del amor y el sexo una broma de mal gusto. De ahí el paralelismo entre Ray Davies y Jarvis, que se han llevado muchas hostias y en vez de ser unos tristes, se convirtieron en tipos realmente listos, ácidos y afilados. Lo que no quita que la desganada manera de cantar y escribir de Jarvis tenga muchas veces un deje melancólico de borracho acabado y ridículo que le hace aún más fuerte.

Empecemos con los temazos: “I want you” (Freaks, 1987) es una canción sobre perder a la mujer de tu vida, o eso te pensabas, por no tragarte el orgullo. Estribillo desesperado y coros de chiste, para acabar maldiciendo a tu estúpido orgullo. La siguiente que me viene a la cabeza es “Don’t you know” (Freaks, 1987). Esta guarrada de canción es sobre tener una novia que es tal bestia en la cama que no te haces con ella y no lo disfrutas y acabas llorando como un niño después de eyacular. “Little girl with blue eyes” (single,1985) es una manera un poco bestia de decirle a esa chica que ese chico sólo quiere llevarte a la cama: “Little girl (with blue eyes)/There’s a hole in your heart and one between your legs/You’ve never had to wonder which one he’s going to fill in spite of what he said”. “Death comes to town” es una canción cachondísima sobre prometer el oro y el moro a la primera que te encuentras en una discoteca… Si la canción fuese de Gabinete Caligari se llamaría “Zalamero”.  Y hasta aquí la edad oscura de Pulp, que tiene muchas más buenas canciones, pero que tiene algunas donde se les nota que les faltan kilómetros.

En Pulp Intro: The Gift recordings, su primer EP para Island Records es donde empiezan a ser lo que casi todo el mundo conoce. Esto es odio y hit a la vez. En “O.U” Jarvis vuelve a hacer hincapié en la falta de confianza de un tipo para recuperar a su chica, pero en tercera persona. En “Babies” (el temazo) no habla de otra cosa que de un adolescente cochino, pero es que es un hit cuyo vídeo es lo más grande que se ha rodado en Sheffield. Las canciones a partir de este EP empiezan a ser narraciones más completas, sobre todo cuando pensamos en “Razzmatazz” o las tres canciones que cierran que cuentan la historia de Susan, desde que es una adolescente calentorra hasta que se convierte en una no tan respetable ama de casa burguesa. Cuando te has reventado a bailar con una canción tan dura como “Razzmatazz” te das cuenta de que toda esa mala baba de Jarvis te circula por el cuerpo como puta heroína.

El His’n'Hers (1994) es un disco totalmente infravalorado. En él se meten con el inglés medio adicto al binge drinking (“Joyriders”), las novias florero y cornudas y abandonadas (“Lipgloss”), las señoras con amantes jóvenes (“Acrylic afternoons”), la perdida de la dignidad de una enamorada (“Have you seen her lately?”), cohinismo extremo (“She’s a lady”),… “Happy endings” es hasta bonita, pero es que… ¿quién se fía de Jarvis a estas alturas? ¡Qué coño! Es puro sarcasmo. También tiene su hit sobre la torpeza a la hora de perder la virginidad (“Do you remember the first time?”). Pero la canción que me quema por dentro es “Pink Glove” sobre fetichismo y perversión… de una ex con su nueva pareja. Y creo que parece que el narrador se está masturbando mientras piensa en las guarradas con látex que hace su ex con el otro… ¡Jorl!

Del Different Class me da pereza hablar. Estoy hasta los cojones de “Common People” y de “Disco 2000″, aunque menos. Pero bueno, es un disco redondo, más pulido, con una producción menos casposa, o con la caspa justa. Normal que triunfasen, las melodías son cojonudas, es aún más british y con un contenido más social y menos sentimental. Jarvis da un paso adelante sin renunciar a nada. “Mis-Shapes” es una canción pop sobre los desposeídos. “Pencil Skirt”, “Underwear”, “I spy”, “Live bed show” son fetichismo, voyeurismo e incluso pederastia. Estoy escuchando “I spy” ahora mismo y es que es una guarrada que me encanta… “Something changed” puede ser la más bonita y convencional canción de Pulp. “Sorted out for E’s & Wizz” no trata de otra cosa que de jóvenes perdidos en Glastonbury, probablemente. “Underwear” la veo como una canción que explica mucho de los sentimientos de Jarvis. La chica que ha querido follarse toda su vida acaba perdiendo la virginidad o simplemente acostándose con otro. Ahí tenéis la explicación a toda su acidez, tardó en follar con quien quiso, era más de follar con quien podía (como casi todos, ¿no?). El nuevo aporte conceptual del disco es la doble moral de la supuestamente mojigata sociedad inglesa.

El This is Hardcore (1998) es una vuelta a los orígenes en cierta manera, pero con dinero. El punto glamouroso, producción excelsa que le habría pegado a los discos primerizos de Pulp los consiguieron después de hacerse millonarios con “Common people”. El disco pierde fuelle, es menos transparente es sus letras, más oscuro, más ácido y muy cínico, pero de una manera diferente. Eso sí, el vídeo del tema homónimo y los arreglos son impresionantes. We love life (2001) peca de lo mismo, pero lo produjo Scott Walker y con eso ya gana puntos. Por eso y por una canción tan extraña como “The trees” y otra tan divertida como “Bad cover version”. Además, Pulp colaboró en bandas sonoras, como la de Trainspotting con “Mile end” o Grandes Esperanzas, con “Like a Friend”, cuyo final es para enseñárselo al NME para que se den cuenta de que los nuevos Beatles que venden una vez al mes no valen nada.

Aquí os dejo las letras y unos vídeos para que veáis a Jarvis bailando que es lo más grande que hay. Las canciones mencionadas están todas en spotify.

Fina ironía inglesa: (I) The Kinks

1 mar

The Kinks, The Fall y Pulp. Tres grupazos, tres líderes carismáticos, cada uno en su estilo, tres fuentes de conocimiento sobre la sociedad inglesa y bastante atemporales todos. No voy a tratar musicalmente sus composiciones, más que alguna pincelada para entender lo que aportan al tono de lo que están cantando.

Empecemos por The Kinks. Empezaron como un grupo muy rockerillo, muy garajero, de esos que influenciarían a toda la caterva de los Nuggets. Sacaron tres canciones que se parecían sorprendentemente, que parecían la misma con distinta letra y la misma fuerza. Pero fue cuando sacaron “A dedicated follower of fashion” y “A well respected man” cuando empezaron a destacar. Ahí fue cuando pasaron de ser unos macarras a ser irónicos y sarcásticos. El primer single (dicen) trata sobre George Best, pero realmente trata sobre cualquier hipster de la época, siempre preocupado por su ropa y su persona sin dar un duro por nadie. Creo yo que Ray Davies tenía algún tipo de complejo de feo porque trata este tema bastantes veces, el narcisismo. “A well respected man” no deja de tratar sobre un niño pijo de familia educada y con la doble moral disparada por las nubes, con un padre adúltero y una madre posesiva que hace todo “de una manera tan conservadora”.

A partir de ahí empezaron los discos en los que Ray Davies se erigía como pícaro observador de la cultura inglesa, cargando contra políticos, ladrones de cuello blanco, alumnos de Eton y demás. En el Face to Face da un puñetazo en la mesa y empieza a dar hostias divertidas a diestro y siniestro, aunque tiene alguna canción más melancólica. “Rosy won´t you please come home” es una canción muy triste. Es una carta de una madre a su hija que “se ha unido a las clases altas”, quiero pensar que como mujer florero o directamente prostituta y que lleva mucho tiempo sin dar señales de vida a sus humildes padres. El tema enlaza con la siguiente canción del disco, “Dandy”, que trata sobre un zorro plateado que no quiere envejecer y cuya vida crápula se le viene en contra con la edad, o al menos es el deseo del narrador, que le dice: “And when you’re old and grey you will remember what they said/That two girls are too many, three’s a crowd and four you’re dead”. El dandy se niega a parar su vida de empedernido soltero, pero se hunde claramente en el lodo. La tercera canción a comentar de este disco sería “Sunny Afternoon”, que no trata de otra cosa que la gente que para costearse un tren de vida vertiginoso, con amante, coche deportivo, respetable familia, etcétera, empieza a defraudar a hacienda. Hasta que claro, le pillan y le embargan todo. Esta historia es tan actual que da hasta miedo.

En su siguiente disco, Something else by the Kinks,  voy a destacar dos canciones, por no hacer esto demasiado largo. Abre con “David Watts”, una canción envidiosa y puede que algo de homosexual por debajo en que Davies habla de un compañero de clase que era el más listo, el más guapo y el más puro y educado. En “Two sisters”, Sylvilla y Percilla, trata no uno sino dos temas de lo más candentes. Sylvilla es una mujer adinerada y libre de todo trabajo, lo que provoca las envidias de su hermana Percilla, ama decasa con hijos entregada a sus labores. Percilla intenta emular a su exitosa hermana, soltera de oro, pero se da cuenta de que la frívola vida de Sylvilla no vale una mierda comparado con compartir tiempo con sus preciosos hijos. En ese punto, todas las envidias se van. En la misma canción carga contra la frivolidad de una con sus “cultos y jóvenes amigos” y contra la casada envidiosa para la que toda soltera exitosa es poco menos que un zorrón. “Waterloo sunset” es una canción más convencional, pero no deja de ser preciosa. Es la típica historia de que los enamorados se sienten especiales y únicos en el mundo, aunque no lo sean, a Terry y Julie les da igual, tienen la puesta de sol de Waterloo Station.

The Kinks are the Village Green Preservation Society es un disco que bien podría tratar sobre ludistas, retrógrados, clubs de señoras en contra de cualquier tipo de avance moral, social o tecnológico. Realmente es un álbum conceptual sobre la manera de pensar de los habitantes de la campiña inglesa. Es un disco “rural” en el sentido en que Davies se aleja de Londres para hablar sobre terratenientes y siervos de nuevo cuño de las islas británicas. Bueno no, mejor. Es irónico, es épico, y trata sobre gente del campo. Es como si en Segovia alguien hace un disco sobre la manera de pensar del grueso de los marraneros. Dos curiosidades, el álbum está excelentemente producido por el propio Ray Davies y la canción “Picture Book” fue desvergonzadamente plagiada por ese mal grupo llamado Green Day.

En el disco de 1969, Arthur or the decline of the British Empire, hacen su disco más político. Empieza con un temazo, “Victoria”, que versionó The Fall y después Sonic Youth sobre los nostálgicos de la constreñida sociedad victoriana y el Imperio Británico. Después se suceden canciones sobre la discplina militar y la negación del individuo, referncias a Churchill, a los dudosos beneficios de la Commonwealth, las inmoralidades cometidas por los “hijos de alguien” en el campo de batalla. La canción “Drivin’” trata sobre el típico ombliguismo del Estado británico: “dejemos que se maten los españoles y los rusos mientras vamos a hacer picnic”. Esa frase es dura, sobre todo cuando piensas en el comité de (no) intervención en la Guerra Civil española.

El álbum más flojo de la edad dorada de The Kinks, es Lola vs. The Powerman vs. the money-go-round. De todas maneras, el tema tratado es fácil. Es el fin del swinging London que empieza a dejar paso a la era del glam y del horterismo (para reducir deprisa) y ahí ya los Kinks no supieron adaptarse, pese a dejar su canción más famosa desde el “You really got me”, “Lola”, sobre un travesti del Soho. Dicen que el propio Ray Davies tuvo una aventura con uno, otros dicen que fue el manager. Al fin y al cabo es un alegato en favor de la libertad sexual.

Hay muchas más canciones de los Kinks que merecen mención, pero no caben todas. Buscad los discos. Los más accesibles, Face to Face y Something Else. Los más british, Village Green Preservation Society y Arthur. Todos son buenos, irónicos, divertidos y ácidos. Disfruten aquí, aunque no está todo, pero añado “Dandy”, que no se diga.

Leonard Cohen: “I don’t know when I’ll be back, so I’m going to give everything I’ve got”

15 sep

Después de dos canciones, Leonard Cohen le dijo eso a un palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid lleno hasta la bandera.

El sábado 12, mis padres, Quique y yo, fuimos a ver a Mr. Cohen, desde muy lejos, pero muy bien.Viendo al bardo de Montréal desde uno de los palcos de la quinta planta, disfrutamos de tres horas brutas de concierto, a las que hay que restar un cuarto de hora de descanso. Cohen vino con dos jamelgas, su negraza de confianza y una banda de lo más correcta. Puede que algunas canciones no estuviesen arregladas como más nos hubiese gustado. Pero era él, y estaba relativamente cerca y su voz te llegaba hasta las entrañas. No se dejó ni una, bueno puede que “Hey, that’s not way to say goodbye”, pero no se le podía pedir más.

Empezó con la canción que un día le dije a Kurtis que e gustaría bailar con una mujer en mi cuarto, a ser posible descalzo y una mañana de domingo, “Dance me to the end of love”. Y después desplegó, como bien había dicho, todo lo que tenía. El disco “I’m your man” lo cantó prácticamente entero, dejando “Jazz Police” (no me gusta, así que da igual) fuera, pero tocando “ain’t no cure for love”, que bueno, no está mal tampoco. Es cierto que el “Bird on a Wire” estaba sobrearreglada, pero era el primer clásico clásico, todo el mundo estaba muy dentro ya. Doña Isabel, exigente tardó en entrar en el concierto, ya que a ella lo que le gusta de Leonard es cuando canta casi el solo. Pero bueno. De la primera parte del concierto me quedo con “Who by fire”. Empezó con una larguísima introducción a cargo del guitarrista Javier Mas (español). A mí estas cosas me repatean normalmente, pero aquí quedó muy bien, con Cohen fuera de foco y los ojos oscurecidos por su sombrero. Entonces empezó el temazo, que fue el antepenúltimo antes del primer parón.

Cuando volvió, tiró ya de la buena mierda. Empezó con “Tower of song”. Me acordé mucho de mis chicos de Segovia, porque la letra dice “si quieres clavar chinchetas en mi muñeco vudú, hazlo”. En esta segunda parte tocó “Suzanne”, que sorprendentemente no era la que más esperaba. También “Sisters of Mercy” (su trío con unas monjas) y “The Partisan”. Ésta última se fue de las manos por vaias razones. La primera fue provocada por el hecho de girarme a la izquierda y ver a mi madre con ojos vidriosos, ya que era la primera canción que escuchó del canadiense, hace 40 años. La segunda por que con la voz “nueva” quedó muy muy bien y la tercera es simplemente que es una canción cargada de política, pero también de amistad. “Hallelujah” es un temazo un poco quemado gracias a JEff Buckley y una concursante del OT inglés. Pero verle arrodillado cantándola, como en muchos otros temas, llenó el recinto de emoción. No obstante, puede ser uno de sus mayores “hits”. Poco después vino uno de mis hits personales, “I’m your man”, lleno de frases enormes, pero con un tono muy ambiguo. Puede ser un hombre que se arrodilla o un “conosseur” que dice a una muejr lo que más quiere oír. Pese a todo es totalmente irónico, pues sea lo que sea me da la sensación de que se está riendo de los dos tpos de hombre. Eso sí, cuando dice “si quieres que sea un doctor, exploraré cada pulgada de tu cuerpo” desmoronamiento. Cada vez que cerraba una estrofa diciendo “soy tu hombre” el pabellón se venía abajo.

Después tocó, entre otros temazos. “Take this waltz”, su versión del “Pequeño vals vienés” de Lorca. Larga, con su acordeón, con sus cosas, sus chicas cantando. Pero algunos nos dimos cuenta de que había una pareja, creo que de cincuentones, aunque estaban bastante lejos, bailando al son de la canción. Y yo no podía mirar a Leonard, porque esa muestra de amor del uno al otro y de amor hacia la canción era para no perdérsela. Era la demostración del tono litúrgico que tiene un concierto de un artista de estas características.

Mi otro emazo esperado era “Famous blue raincoat”. Hace poco me enteré de que está escrito con métrica clásica adaptada. Me parecía la hostia, desde entonces más. Es una carta que escribe un hombre a un amigo, después de una situación extraña con respecto a la mujer del que escribe, que al final resulta ser el propio Cohen. Algo así como un matrimonio que permanece unido después de que ella le ha engañado con su mejor amigo, distanciándose ambos. Básicamente es una de esas canciones que no debes escuchar si estás un poco jodido pero que lo haces igual. Es como si te arrancasen el corazón y te lo enseñasen con cara melancólica. Es una de las canciones más sentidas por Coehn y más esperadas por el público que escuchaba silencioso la confesión, la confidencia.

Para apañar un poco el desaguisado tocó el último clásico de la noche, “Chelsea Hotel nº2″. Es curioso porque la canción puede parecer una tirada de pisto muy gorda, pero acaba siendo un perfecto homenaje a Janis Joplin. Empieza recordando la mamada que le hizo la blanca de la voz negra en el célebre hotel de Nueva York. Pero la canción “degenera” en una reivindicación de ambos, pero sobre todo de Joplin. “Somos feos pero nos queda la música”, probablemente Calamaro lo plagió de aquí, que es muy dado a ello (y lo reconoce, no como otros) aunque en un tono más jocoso. Cargando contra los guapos del rock y echando de menos a su ligue de una noche o su amiga o lo que fuese. Es la canción que no querríamos escuchar cuando muera alguien con el que nos hemos liado creo yo. “Al final tuviste que marcharte, ¿verdad?”, aliñada con las dudas de si la necesita o no la necesita, de lo que pudo haber sido y no fue. Desgarradora, 34 años después, en boca de un hombre de 73 años trajeado de negro y con el pelo cano.

Cerró con dos temas menores, a mi gusto. “Closing time” simplemente elegida por el título. Las ovaciones fueron larguísimas, emocionadas y emocionantes. De hecho, en la última parte del concierto, un montón de gente se abalnzó para acercarse al escenario y verle de cerca. yo no pude y estaba muriéndome de la envidia, pero a la vez paralizado por todo lo que rodea a este poeta/músico/miembro no oficial de mi familia. Acabó diciendo “Gracias por mantener vivas mis canciones durante todos estos años, conducid con cuidado, que Dios os bendiga”. Después se marchó. Cuando dejamos el recinto prácticamente no hablamos del concierto, simplemente nos fuimos. Sospecho que cada uno de los cuatro tenía su mierda en la cabeza, que estaba pensando en lo que había oído, en lo que había visto y en el acuerdo tácito de conservar el arte de Cohen.

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