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Bad Lieutenant, Ms.45 & The King of NY: Abel Ferrara

11 ene

Un fin de semana y tres películas de Abel Ferrara. No voy a tirarme el pisto, nunca había visto ninguna. La primera vez que hoy su nombre fue en una canción de “El Salmón” de Calamaro, en esa que dice “hablábamos de las películas de Jarmusch y Ferrara…”. Esto significa que llevo ocho años escuchando el nombre del director neoyorquino de vez en cuando y nunca me había propuesto ver una peli suya. A diferencia de Jarmusch, del que me trago lo que encuentro.

Estas navidades me hice con tres de sus obras, de manera totalmente legal, pues las descargué de Internet. Las comentaré por orden cronológico.

Viernes noche, vengo de La Nieta de tomarme una opípara cena de raciones regada con suficiente cerveza como para aguantar una tarde en avenida de Portugal sin que te miren raro. Primer paso: “Bad Lieutenant” con Harvey Keitel. No sé cuál es la traducción al castellano del título. ¿De qué trata? De un policía de Nueva York del que nunca se dice el nombre que vive en una casa enorme con la familia de su mujer, para la que no tiene muy buenas palabras, y sus dos hijos. Es un pedazo de mierda, todo el día esnifando coca, a ser posible robada de la escena de un crimen, bebiendo de una botellita vodka a palo seco. Corrupto hasta el extremo, excesivo en sus métodos que nunca sirven para resolver el crimen que tiene que investigar. Keitel se sale, con una cara devastada, lenguaje feroz, utiliza su placa en beneficio y destrucción propios. El hilo de la pelñicula cae sobre las Series Mundiales que disputan Los NY Mets y los LA Dodgers de Darryl Strawberry. Muchos españoles con gusto conocerán a este mito del béisbol por ser el tipo adicto al tónico del Sr Burns en el capítulo “Homer, Bateador”, de Los Simpsons. El teniente es el encargado del NYPD de hablar con los ‘bookies’ para apostar en los partidos, haciendo apuestas dobles y demás guarrerías. La otra historia es la violación de una monja católica en una iglesia del Spanish Harlem que él debe investigar o más bien lo hace debido a su catolicismo militante. Esos son dos temas importantes en las películas que he visto este fin de semana: el catolicismo (a través de las monjas) y la violación. No contaré más, es corta, dura y sórdida y provoca el gesto torcido en el espectador. Keitel sale en casi todos los planos de la película, que fue rodada en 18 días.

En la soledad de mi habitación decidí que no podía parar y para seguir con Ferrara, decidí ver “The King of New York”, película favorita de Notorious BIG. Christopher Walken es Frank White, un capo de la droga que sale de Sing Sing para volver al negocio. Frank tiene varias peculiaridades, a pare de klas que trae de serie el propio Walken. Es amigo de los negros y desfavorecidos en general y su objetivo es ganar dinero para levantar de la agonía algunas zonas miserables de Nueva York. El reparto incluye a Larry Fishburne, Wesley Snipes, David Caruso (lo mejor que le he visto hacer), a parte de Walken. La película, dentro de la sordidez y crudeza de Ferrara, es más mainstream, pero no deja de ser un pedazo de historia. Los policías liderados por el personaje de Victor Argo, buscan la manera de meter en chirona a unt ipo que se codea incluso con el alcalde de la ciudad. El personaje de Rgo, adicto a los calmantes, al whisky, al trabajo y al tabaco, busca la manera legal de hacer las cosas, pero el personaje de Caruso pretende acabar con él como sea, apoyado por Wesley Snipes. Como dice en IMDB, una nueva versión de Robin Hood, donde acabas identficándote más con el malo que con el bueno.

La última que ví fue “Ms 45: Angel of vengeance”. Ésta es la más antigua de todas, de 1981. Las otras dos eran de principios de los noventa. La historia es sencilla. Una bella jóven y muda trabaja como costurera y planchadora para un diseñador de moda de NY. Un día, volviendo a casa es violada por un extraño enmascarado (el propio Ferrara). Mientras tanto, otro extraño ha entrado en sucasa para robar. De tal manera, que cuando llega a casa, el ladrón sigue allí. La pregunta dónde tiene el dinero, pero al darse cuenta de que es muda, también la viola, ya que no puede gritar. Ella le mata con un pisapapeles (típico) que coge mientras el hijo de puta está llegando al orgasmo. A partir de ahí, Thana, interpretada por la misteriosa Zoë Lund, desarrolla una obsesión asesina contra cualquier hombre que esté expresando su amor o su pasión por una mujer. Y tiene el .45 del ladrón que la mancilló sobre su cama.Un thriller en toda regla y no los que emite Antena 3.

De esta manera, he visto tres películas con contexto muy diferente dentro de la carrera de Ferrara. Me quedo con ganas de más películas suyas, aunque tendré que recuperar estómago y agallas. Werner Herzog está haciendo un remake de “Bad Lieutenant” con Nicholas Cage y Eva Mendes entre otros. No me fiaría si lo hiciese un director de Hollywood, pero siendo Werner habrá que darle una oportunidad.

Os emplazo a disfrutar de Abel Ferrara y a los chicos de Avenida de Portugal les llevaré “The King of New York. Así podréis ver su peculiar visión del infierno, el catolicismo en general, la violencia y la vida moderna. No apto para gente de estómagos frágiles y principios retrógrados.

Prefiero el blanco y negro

9 dic

Cuando oyes los golpes de unos tacones chocando contra la acera, irremediablemente vuelves la cabeza o levantas la mirada. La música de las discotecas nos priva de la incertidumbre de ver quién esta dentro de los zapatos, lo que provoca que muchos no paren de mirar zapatos que no oyen. No es mi caso, aunque lo comprendo perfectamente, y conozco gente que mira antes unos zapatos que unas tetas. Eso les da a esos hombres un punto de categoría.

Como bien decía el chico del cumpleaños el sábado, “Todos tenemos nuestros fetichismos”. Y cuando dijo todos se refería a todos y cada uno de nosotr@s. Los suyos eran clásicos y populares. Medias, ligueros, zapatos de tacón, botas, unas romanas (que este verano causaron furor, y he de reconocer que a mí también me gustan), etcétera. El clasicismo es muy normal cuando hablamos de fetiches, compartimos demasiados, pero a veces las fantasías y las elucubraciones de cada uno nos llevan a cosas aparentemente extrañas, pero de las que no hay que avergonzarse.

Entre mi gente de Segovia y sin dar nombres, porque esto es un poco raro, hay uno que le gustan las chicas con traje de peña. Para el que no esté dentro de esta moda, es el peto/mono que llevan los peñistas en las fiestas patronales de sus barrios o pueblos. Una aberración estética absoluta, pero al parecer, tiene su público. Hablando del tema en La Granja este verano, alguno más entró al trapo. También hay que decir que a la que le quede bien el traje de peña, le quedará bien hasta el hule de la cocina puesto con unas pinzas rosas. Así que lo encuentro un poco flojo como fetichismo. Normalmente funcionan al contrario, embellecen a la chica más sencilla. De todas maneras, no soy objetivo porque no puedo con los trajes de peña.

En otro orden de cosas, una de las grandes y más divertidas discusiones que he tenido últimamente ha versado sobre la manía de combinar vestido largo con pantalón vaquero por debajo. Yo estoy totalmente en contra, soy vestidista, pero sin pantalón por debajo, me parece una cosa tan innecesaria como las camisetas de manga larga con otra de manga corta por encima. Pero bueno, en cuestión de fetichismos no hay nada escrito.

Por ejemplo, cualquiera se me podría echar al cuello si cuento que mi fetichismo particular tiene que ver con los jerséis de cuello alto. Mmmmm. El otoño en general sienta bien a las mujeres y el invierno trae los jerséis de cuello alto. Aunque los que deciden las modas se han olvidado de tan noble y sensual prenda, siempre hay alguna fémina con suficiente clase para enfundarse uno. Otras prendas invernales que no puedo dejar de mirar son los guantes de cuero, los clásicos, los de Hannibal Smith. Estoy harto de ver guantes de lana, lisos o de colores. Pero bueno, eso hace que sea aun más especial cuando ves una mujer ojeando libros con unos guantes de cuero en la mano, por ejemplo.

El chico del cumpleaños, con el que al final hablo más de estas cosas, junto a mi calvo de confianza, comparto otros fetichismos. Veánse los vestidos de noche que dejan espalda y hombros al aire y aun diría más, esos finos tirantes que se caen incluso cuando la chica que lleva el vestido anda con tanta suavidad que parece que va a un palmo del suelo. Si ese vestido es negro, mejor. ¿a que sí?

Hablando de vestidos, otra de las cosas que me encanta son los vestidos y trajes de chaqueta que llevaban las jamonas de las películas de cine negro (veáse Lauren Bacall, Barbara Stanwyck,…). Claro que esto ya no se encuentra más que cuando hacen homenajes a las películas de los 40, como “La Dalia Negra” o “L. A. Confidential”. Esos cortes de pelo, como el de Veronica Lake que tanto le gusta a Mercedes. Acompañado con cigarro y highball, insuperable. Más allá de eso, están los vaporosos camisones, diminutas batas, lencería negra,…ropa que si llegas a ver, no hace falta que te guste especialmente, pues es que has conseguido entrar en la cama deseada, a no ser que seas cartero y lleves una carta certificada…

El musismo y el fetichismo están íntimamente relacionados. El estilismo de una musa puede volverse un fetiche y de ese fetiche extrapolarlo a otras mujeres que se convertirán en musas. De todas maneras hay ciertos fetiches que son puramente sexuales e instintivos. Me sé de un par que si leen esta entrada y la comentan solo hablarán de tangas de cadenilla y generosos escotes. NO era mi objetivo, pero bueno.

Y a vosotros, ¿qué imágenes se os cruzan cuando estáis en duermevela? Una chica adecuadamente tatuada, una blusa de cuadros entallada, sombra de ojos,…

¡Ah! También quiero fetichismos desde el otro lado, señoritas, que no parezca que esto es cosa solo de chicos. Habrá a quien le gusta como le quedan los trajes a Alain Delon, los sombreros y gabardinas, las chupas de cuero, las motos (cayendo en tópicos). Pero por favor, no me vengáis con coches, y menos aun si están tuneados. Los crooners de whisky y cigarro, las canas, las arrugas de expresión en su justa medida y esas cosas.

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