Archivos por Etiqueta: corrupción policial

Crónica pseudoprofesional de The Wire

10 ago

Después de escribir con los nervios a flor de piel, toca tirarse el pisto con una crónica periodística sobre The Wire.

The Wire es una serie creada por David Simon, ex cronista de sucesos del Baltimore Sun. La serie empezó a emitirse en el año 2002 a través de la HBO. La trama, en un principio, es la lucha del departamento de policía de la ciudad, ahogada por el crimen, contra las drogas. Para ello se crea una unidad especial con gente varios departamentos, cada uno con una especialidad. Gracias a escuchas telefónicas y vigilancias intensivas, pretenden acabar con los capos, antes que detener a simples camellos. Y de ahí al infinito.

Cinco temporadas, más o menos cada una es un caso diferente, de tal manera que no hay una historia principal, una trama de años, no. Esa trama principal sería la ciudad de Baltimore en sí. Subtramas hay como un millón, puedes buscar pequeñas historias por todas partes, desde la vida privada de los protagonistas, hasta el desarrollo de personajes aparentemente triviales que llenan de significado todo lo que la serie quiere transmitir.

Se parte de la base de que el protagonista de la serie es Jimmy McNulty, interpretado por el actor inglés Dominic West. Jimmy es un detective de homicidios del BPD. Entrañable, ‘workaholic’ y ‘alcoholic’ también. Divorciado con dos hijos y una obsesión desmesurada por su trabajo y un gusto especial por acompañar la Heineken por chupitos de Jameson. De todas maneras, a medida que avanza la serie y las tramas, el peso de los personajes puede variar mucho, nadie es imprescindible.

Los malos son Avon Barksdale y Stringer Bell y toda su organización criminal que controla las viviendas de protección oficial del oeste de la ciudad y que utilizan como supermercado de la droga. La policía empiezan a perseguirles después de que una serie de hechos les convierta en objetivo de varias secciones departamentales de la policía y empiece su seguimiento.

Tampoco se profundiza mucho en la vida personal de los personajes. Muchos hablan de ella como si ya les conociesemos, fuera de todo contexto, y aún así lo poco que dicen puede llegar a ser muy importante. Es curioso que la serie hay sido creada por un periodista, porque se nota en una cosa. Casi todo el mundo que está en pantalla, está trabajando o hablando de trabajo. Aunque McNulty es el colmo de la adicción al trabajo, casi nadie se libra en la serie. Si están en el bar hablan de trabajo, si están vendiendo droga (trabajando), puede ser que hablen de chicas, pero siempre alerta.

A pesar de que esta es la trama del episodio piloto, por supuesto que luego todo crece. Básicamente os he escrito lo que pondría en la tapa de atrás si The Wire fuese un libro. Pero es que no quiero fastidiar nada a nadie. Lo que hace a The Wire una obra magna es los millones de capas que tiene, los guiños, la música, la realidad y la crítica feroz a las instituciones. Visualmente es espectacular y a medida que avanza la serie, la calidad de la narrativa visual crece exponencialmente. Baltimore se presnta oscura y sórdida de noche y nublada y sórdida de día. El que tiene granos tiene granos y si hay que decir ‘black guy’ en vez de ‘african-american’ se dice.

El habla fluye natural y encasilla a los personajes, quién fue a la universidad quién no,… Yo la verdad es que recomiendo encarecidamente verla en inglés, porque los negros de la calle son un auténtico espectáculo hablando. Por ejemplo, la mayoría ni usan el verbo ‘to be’: “He (was) a important guy back in the day”. Luego, al igual que en la vida real, nadie habla con corrección excepto cuando está en un acto oficial o frente a las cámaras.

Otra cosa maravillosa, y que ya se ha hecho antes, aunque no sé si a estos niveles, es que quitan ‘glamour’ al mafioso y el aura santoral a los policías. Hay de todo como en todas partes, fuera estereotipos y filtros para suavizar la acción. Si hay que sacar a un policía metiendo de hostias a un chaval de 16 años porque lo ha pillado vendiendo drogas, pues se saca. Esto es un ejemplo de una de las miles de tesis que deja caer The Wire. La mejor manera de luchar contra la brutalidad policial no es mirar para otro lado, es mostrarla sin edulcorantes. La brutalidad policial es una de las cosas que denuncia la serie, así como la corrupción de las instituciones, la falta de profesionalidad, las diferencias sociales, el racismo (Baltimore, 65% de afroamericanos, lo que provoca situaciones extrañas), la falta de oportunidad, la gran mentira que es el sueño americano, la ignorancia, la cultura del pelotazo, la aceptación social de los traficantes,…

Por eso decía que, aunque se centre en Baltimore, ésta sirve como ejemplo de las grandes urbes americanas olvidadas y hundidas bajo unas apabullantes cifras de crimen. Claro que Baltimore es el colmo. Con medio millón de habitantes escaso, tiene más del doble de asesinatos al año que Los Ángeles o Nueva York. Pero cada temporada de la serie añade una nueva líena de argumento, sin perder totalmente las anteriores historias. Por eso, cuando llegas al final de la serie ya sabes más o menos como funciona el departamento de policía y los juzgados, obvio, pero también la escuela pública, el ayuntamiento, los medios de comunicación, los mercados de la droga, la construcción, el puerto, las aduanas,… Cuando te quieres dar cuenta, te has calzado un falso/verdadero documental de 65 horas sobre Baltimore, Maryland. Y quieres viajar allí, aunque sepas que está situado en el primer círculo del infierno.

PD: encima, para calentarte más la cabeza la canción es de Tom Waits. ‘Way down in the hole’ se llama y dice algo así como “tienes que mantener al demonio bien dentro del hoyo”. Probablemente la canción de Waits trataba sobre olvidar la bebida. Pero lo que transmite en relación con la serie es más bien desesperación. Alude a caminar junto a Jesús si te quieres librar de Satán. Parece Kaká quien habla, pero es más bien un mensaje de “como nos ayude el altísimo… estamos jodidos”.

Bad Lieutenant, Ms.45 & The King of NY: Abel Ferrara

11 ene

Un fin de semana y tres películas de Abel Ferrara. No voy a tirarme el pisto, nunca había visto ninguna. La primera vez que hoy su nombre fue en una canción de “El Salmón” de Calamaro, en esa que dice “hablábamos de las películas de Jarmusch y Ferrara…”. Esto significa que llevo ocho años escuchando el nombre del director neoyorquino de vez en cuando y nunca me había propuesto ver una peli suya. A diferencia de Jarmusch, del que me trago lo que encuentro.

Estas navidades me hice con tres de sus obras, de manera totalmente legal, pues las descargué de Internet. Las comentaré por orden cronológico.

Viernes noche, vengo de La Nieta de tomarme una opípara cena de raciones regada con suficiente cerveza como para aguantar una tarde en avenida de Portugal sin que te miren raro. Primer paso: “Bad Lieutenant” con Harvey Keitel. No sé cuál es la traducción al castellano del título. ¿De qué trata? De un policía de Nueva York del que nunca se dice el nombre que vive en una casa enorme con la familia de su mujer, para la que no tiene muy buenas palabras, y sus dos hijos. Es un pedazo de mierda, todo el día esnifando coca, a ser posible robada de la escena de un crimen, bebiendo de una botellita vodka a palo seco. Corrupto hasta el extremo, excesivo en sus métodos que nunca sirven para resolver el crimen que tiene que investigar. Keitel se sale, con una cara devastada, lenguaje feroz, utiliza su placa en beneficio y destrucción propios. El hilo de la pelñicula cae sobre las Series Mundiales que disputan Los NY Mets y los LA Dodgers de Darryl Strawberry. Muchos españoles con gusto conocerán a este mito del béisbol por ser el tipo adicto al tónico del Sr Burns en el capítulo “Homer, Bateador”, de Los Simpsons. El teniente es el encargado del NYPD de hablar con los ‘bookies’ para apostar en los partidos, haciendo apuestas dobles y demás guarrerías. La otra historia es la violación de una monja católica en una iglesia del Spanish Harlem que él debe investigar o más bien lo hace debido a su catolicismo militante. Esos son dos temas importantes en las películas que he visto este fin de semana: el catolicismo (a través de las monjas) y la violación. No contaré más, es corta, dura y sórdida y provoca el gesto torcido en el espectador. Keitel sale en casi todos los planos de la película, que fue rodada en 18 días.

En la soledad de mi habitación decidí que no podía parar y para seguir con Ferrara, decidí ver “The King of New York”, película favorita de Notorious BIG. Christopher Walken es Frank White, un capo de la droga que sale de Sing Sing para volver al negocio. Frank tiene varias peculiaridades, a pare de klas que trae de serie el propio Walken. Es amigo de los negros y desfavorecidos en general y su objetivo es ganar dinero para levantar de la agonía algunas zonas miserables de Nueva York. El reparto incluye a Larry Fishburne, Wesley Snipes, David Caruso (lo mejor que le he visto hacer), a parte de Walken. La película, dentro de la sordidez y crudeza de Ferrara, es más mainstream, pero no deja de ser un pedazo de historia. Los policías liderados por el personaje de Victor Argo, buscan la manera de meter en chirona a unt ipo que se codea incluso con el alcalde de la ciudad. El personaje de Rgo, adicto a los calmantes, al whisky, al trabajo y al tabaco, busca la manera legal de hacer las cosas, pero el personaje de Caruso pretende acabar con él como sea, apoyado por Wesley Snipes. Como dice en IMDB, una nueva versión de Robin Hood, donde acabas identficándote más con el malo que con el bueno.

La última que ví fue “Ms 45: Angel of vengeance”. Ésta es la más antigua de todas, de 1981. Las otras dos eran de principios de los noventa. La historia es sencilla. Una bella jóven y muda trabaja como costurera y planchadora para un diseñador de moda de NY. Un día, volviendo a casa es violada por un extraño enmascarado (el propio Ferrara). Mientras tanto, otro extraño ha entrado en sucasa para robar. De tal manera, que cuando llega a casa, el ladrón sigue allí. La pregunta dónde tiene el dinero, pero al darse cuenta de que es muda, también la viola, ya que no puede gritar. Ella le mata con un pisapapeles (típico) que coge mientras el hijo de puta está llegando al orgasmo. A partir de ahí, Thana, interpretada por la misteriosa Zoë Lund, desarrolla una obsesión asesina contra cualquier hombre que esté expresando su amor o su pasión por una mujer. Y tiene el .45 del ladrón que la mancilló sobre su cama.Un thriller en toda regla y no los que emite Antena 3.

De esta manera, he visto tres películas con contexto muy diferente dentro de la carrera de Ferrara. Me quedo con ganas de más películas suyas, aunque tendré que recuperar estómago y agallas. Werner Herzog está haciendo un remake de “Bad Lieutenant” con Nicholas Cage y Eva Mendes entre otros. No me fiaría si lo hiciese un director de Hollywood, pero siendo Werner habrá que darle una oportunidad.

Os emplazo a disfrutar de Abel Ferrara y a los chicos de Avenida de Portugal les llevaré “The King of New York. Así podréis ver su peculiar visión del infierno, el catolicismo en general, la violencia y la vida moderna. No apto para gente de estómagos frágiles y principios retrógrados.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 171 seguidores