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Prefiero el blanco y negro

9 dic

Cuando oyes los golpes de unos tacones chocando contra la acera, irremediablemente vuelves la cabeza o levantas la mirada. La música de las discotecas nos priva de la incertidumbre de ver quién esta dentro de los zapatos, lo que provoca que muchos no paren de mirar zapatos que no oyen. No es mi caso, aunque lo comprendo perfectamente, y conozco gente que mira antes unos zapatos que unas tetas. Eso les da a esos hombres un punto de categoría.

Como bien decía el chico del cumpleaños el sábado, “Todos tenemos nuestros fetichismos”. Y cuando dijo todos se refería a todos y cada uno de nosotr@s. Los suyos eran clásicos y populares. Medias, ligueros, zapatos de tacón, botas, unas romanas (que este verano causaron furor, y he de reconocer que a mí también me gustan), etcétera. El clasicismo es muy normal cuando hablamos de fetiches, compartimos demasiados, pero a veces las fantasías y las elucubraciones de cada uno nos llevan a cosas aparentemente extrañas, pero de las que no hay que avergonzarse.

Entre mi gente de Segovia y sin dar nombres, porque esto es un poco raro, hay uno que le gustan las chicas con traje de peña. Para el que no esté dentro de esta moda, es el peto/mono que llevan los peñistas en las fiestas patronales de sus barrios o pueblos. Una aberración estética absoluta, pero al parecer, tiene su público. Hablando del tema en La Granja este verano, alguno más entró al trapo. También hay que decir que a la que le quede bien el traje de peña, le quedará bien hasta el hule de la cocina puesto con unas pinzas rosas. Así que lo encuentro un poco flojo como fetichismo. Normalmente funcionan al contrario, embellecen a la chica más sencilla. De todas maneras, no soy objetivo porque no puedo con los trajes de peña.

En otro orden de cosas, una de las grandes y más divertidas discusiones que he tenido últimamente ha versado sobre la manía de combinar vestido largo con pantalón vaquero por debajo. Yo estoy totalmente en contra, soy vestidista, pero sin pantalón por debajo, me parece una cosa tan innecesaria como las camisetas de manga larga con otra de manga corta por encima. Pero bueno, en cuestión de fetichismos no hay nada escrito.

Por ejemplo, cualquiera se me podría echar al cuello si cuento que mi fetichismo particular tiene que ver con los jerséis de cuello alto. Mmmmm. El otoño en general sienta bien a las mujeres y el invierno trae los jerséis de cuello alto. Aunque los que deciden las modas se han olvidado de tan noble y sensual prenda, siempre hay alguna fémina con suficiente clase para enfundarse uno. Otras prendas invernales que no puedo dejar de mirar son los guantes de cuero, los clásicos, los de Hannibal Smith. Estoy harto de ver guantes de lana, lisos o de colores. Pero bueno, eso hace que sea aun más especial cuando ves una mujer ojeando libros con unos guantes de cuero en la mano, por ejemplo.

El chico del cumpleaños, con el que al final hablo más de estas cosas, junto a mi calvo de confianza, comparto otros fetichismos. Veánse los vestidos de noche que dejan espalda y hombros al aire y aun diría más, esos finos tirantes que se caen incluso cuando la chica que lleva el vestido anda con tanta suavidad que parece que va a un palmo del suelo. Si ese vestido es negro, mejor. ¿a que sí?

Hablando de vestidos, otra de las cosas que me encanta son los vestidos y trajes de chaqueta que llevaban las jamonas de las películas de cine negro (veáse Lauren Bacall, Barbara Stanwyck,…). Claro que esto ya no se encuentra más que cuando hacen homenajes a las películas de los 40, como “La Dalia Negra” o “L. A. Confidential”. Esos cortes de pelo, como el de Veronica Lake que tanto le gusta a Mercedes. Acompañado con cigarro y highball, insuperable. Más allá de eso, están los vaporosos camisones, diminutas batas, lencería negra,…ropa que si llegas a ver, no hace falta que te guste especialmente, pues es que has conseguido entrar en la cama deseada, a no ser que seas cartero y lleves una carta certificada…

El musismo y el fetichismo están íntimamente relacionados. El estilismo de una musa puede volverse un fetiche y de ese fetiche extrapolarlo a otras mujeres que se convertirán en musas. De todas maneras hay ciertos fetiches que son puramente sexuales e instintivos. Me sé de un par que si leen esta entrada y la comentan solo hablarán de tangas de cadenilla y generosos escotes. NO era mi objetivo, pero bueno.

Y a vosotros, ¿qué imágenes se os cruzan cuando estáis en duermevela? Una chica adecuadamente tatuada, una blusa de cuadros entallada, sombra de ojos,…

¡Ah! También quiero fetichismos desde el otro lado, señoritas, que no parezca que esto es cosa solo de chicos. Habrá a quien le gusta como le quedan los trajes a Alain Delon, los sombreros y gabardinas, las chupas de cuero, las motos (cayendo en tópicos). Pero por favor, no me vengáis con coches, y menos aun si están tuneados. Los crooners de whisky y cigarro, las canas, las arrugas de expresión en su justa medida y esas cosas.

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