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Leonard Cohen: “I don’t know when I’ll be back, so I’m going to give everything I’ve got”

15 sep

Después de dos canciones, Leonard Cohen le dijo eso a un palacio de los deportes de la Comunidad de Madrid lleno hasta la bandera.

El sábado 12, mis padres, Quique y yo, fuimos a ver a Mr. Cohen, desde muy lejos, pero muy bien.Viendo al bardo de Montréal desde uno de los palcos de la quinta planta, disfrutamos de tres horas brutas de concierto, a las que hay que restar un cuarto de hora de descanso. Cohen vino con dos jamelgas, su negraza de confianza y una banda de lo más correcta. Puede que algunas canciones no estuviesen arregladas como más nos hubiese gustado. Pero era él, y estaba relativamente cerca y su voz te llegaba hasta las entrañas. No se dejó ni una, bueno puede que “Hey, that’s not way to say goodbye”, pero no se le podía pedir más.

Empezó con la canción que un día le dije a Kurtis que e gustaría bailar con una mujer en mi cuarto, a ser posible descalzo y una mañana de domingo, “Dance me to the end of love”. Y después desplegó, como bien había dicho, todo lo que tenía. El disco “I’m your man” lo cantó prácticamente entero, dejando “Jazz Police” (no me gusta, así que da igual) fuera, pero tocando “ain’t no cure for love”, que bueno, no está mal tampoco. Es cierto que el “Bird on a Wire” estaba sobrearreglada, pero era el primer clásico clásico, todo el mundo estaba muy dentro ya. Doña Isabel, exigente tardó en entrar en el concierto, ya que a ella lo que le gusta de Leonard es cuando canta casi el solo. Pero bueno. De la primera parte del concierto me quedo con “Who by fire”. Empezó con una larguísima introducción a cargo del guitarrista Javier Mas (español). A mí estas cosas me repatean normalmente, pero aquí quedó muy bien, con Cohen fuera de foco y los ojos oscurecidos por su sombrero. Entonces empezó el temazo, que fue el antepenúltimo antes del primer parón.

Cuando volvió, tiró ya de la buena mierda. Empezó con “Tower of song”. Me acordé mucho de mis chicos de Segovia, porque la letra dice “si quieres clavar chinchetas en mi muñeco vudú, hazlo”. En esta segunda parte tocó “Suzanne”, que sorprendentemente no era la que más esperaba. También “Sisters of Mercy” (su trío con unas monjas) y “The Partisan”. Ésta última se fue de las manos por vaias razones. La primera fue provocada por el hecho de girarme a la izquierda y ver a mi madre con ojos vidriosos, ya que era la primera canción que escuchó del canadiense, hace 40 años. La segunda por que con la voz “nueva” quedó muy muy bien y la tercera es simplemente que es una canción cargada de política, pero también de amistad. “Hallelujah” es un temazo un poco quemado gracias a JEff Buckley y una concursante del OT inglés. Pero verle arrodillado cantándola, como en muchos otros temas, llenó el recinto de emoción. No obstante, puede ser uno de sus mayores “hits”. Poco después vino uno de mis hits personales, “I’m your man”, lleno de frases enormes, pero con un tono muy ambiguo. Puede ser un hombre que se arrodilla o un “conosseur” que dice a una muejr lo que más quiere oír. Pese a todo es totalmente irónico, pues sea lo que sea me da la sensación de que se está riendo de los dos tpos de hombre. Eso sí, cuando dice “si quieres que sea un doctor, exploraré cada pulgada de tu cuerpo” desmoronamiento. Cada vez que cerraba una estrofa diciendo “soy tu hombre” el pabellón se venía abajo.

Después tocó, entre otros temazos. “Take this waltz”, su versión del “Pequeño vals vienés” de Lorca. Larga, con su acordeón, con sus cosas, sus chicas cantando. Pero algunos nos dimos cuenta de que había una pareja, creo que de cincuentones, aunque estaban bastante lejos, bailando al son de la canción. Y yo no podía mirar a Leonard, porque esa muestra de amor del uno al otro y de amor hacia la canción era para no perdérsela. Era la demostración del tono litúrgico que tiene un concierto de un artista de estas características.

Mi otro emazo esperado era “Famous blue raincoat”. Hace poco me enteré de que está escrito con métrica clásica adaptada. Me parecía la hostia, desde entonces más. Es una carta que escribe un hombre a un amigo, después de una situación extraña con respecto a la mujer del que escribe, que al final resulta ser el propio Cohen. Algo así como un matrimonio que permanece unido después de que ella le ha engañado con su mejor amigo, distanciándose ambos. Básicamente es una de esas canciones que no debes escuchar si estás un poco jodido pero que lo haces igual. Es como si te arrancasen el corazón y te lo enseñasen con cara melancólica. Es una de las canciones más sentidas por Coehn y más esperadas por el público que escuchaba silencioso la confesión, la confidencia.

Para apañar un poco el desaguisado tocó el último clásico de la noche, “Chelsea Hotel nº2″. Es curioso porque la canción puede parecer una tirada de pisto muy gorda, pero acaba siendo un perfecto homenaje a Janis Joplin. Empieza recordando la mamada que le hizo la blanca de la voz negra en el célebre hotel de Nueva York. Pero la canción “degenera” en una reivindicación de ambos, pero sobre todo de Joplin. “Somos feos pero nos queda la música”, probablemente Calamaro lo plagió de aquí, que es muy dado a ello (y lo reconoce, no como otros) aunque en un tono más jocoso. Cargando contra los guapos del rock y echando de menos a su ligue de una noche o su amiga o lo que fuese. Es la canción que no querríamos escuchar cuando muera alguien con el que nos hemos liado creo yo. “Al final tuviste que marcharte, ¿verdad?”, aliñada con las dudas de si la necesita o no la necesita, de lo que pudo haber sido y no fue. Desgarradora, 34 años después, en boca de un hombre de 73 años trajeado de negro y con el pelo cano.

Cerró con dos temas menores, a mi gusto. “Closing time” simplemente elegida por el título. Las ovaciones fueron larguísimas, emocionadas y emocionantes. De hecho, en la última parte del concierto, un montón de gente se abalnzó para acercarse al escenario y verle de cerca. yo no pude y estaba muriéndome de la envidia, pero a la vez paralizado por todo lo que rodea a este poeta/músico/miembro no oficial de mi familia. Acabó diciendo “Gracias por mantener vivas mis canciones durante todos estos años, conducid con cuidado, que Dios os bendiga”. Después se marchó. Cuando dejamos el recinto prácticamente no hablamos del concierto, simplemente nos fuimos. Sospecho que cada uno de los cuatro tenía su mierda en la cabeza, que estaba pensando en lo que había oído, en lo que había visto y en el acuerdo tácito de conservar el arte de Cohen.

Música Edipo

11 sep

El concepto música Edipo lo creamos Lorenzo y yo un día bajo los efectos del THC mientras le enseñaba canciones que escuchaba de pequeño cuando mi madre me llevaba en coche, o los días de otoño por la tarde. Son esos artistas, que aunque a mucha gente le cuesta creer, llevo escuchando toda mi vida. Como mañana me voy a ver a Leonard Cohen con mis padres y el Quique, pues he decidido escribir sobre ello.

La música Edipo cuenta en sus filas con, obviamente Leonard Cohen y también con los obvios Beatles, pero de ellos no voy a hablar que estaréis hasta los huevos del Abbey Road y lo gilipollas que eran Lennon y McCartney hacia el final de la banda. Pero sí hablaré de Neil Young, Simon & Garfunkel, Van Morrison o Bruce Springsteen, que llenaron mis viajes en coche.

Desde muy pequeño recuerdo a Neil Young, porque había una cinta circulando de su disco “Harvest Moon” de 1992, entre otros temazos yo recuerdo especialmente dos: “War of  Men” y el tema homónimo. La primera me gustaba mucho de pequeño pero la escuche hace poco y tendría mejor que haberme quedado con el recuerdo. Pero “Harvest Moon” es un temazo tan gordo, que incluso intenté aprendérmela con la guitarra. La luché pero nunca tenía el glamour que le daba Neil. De hecho me la sigo poniendo de vez en cuando y lo primero que me viene a la cabeza es mi madre conduciendo volviendo de Madrid de alguna de las miles de consultas del dentista a las que tuve que ir durante mi infancia. Con los brackets cayéndose debido a mi fuerte esmalte, Neil Young cantaba sobre el baile de la cosecha. Y por mucho tiempo que pase sin escuchar la canción, siempre me acuerdo de la letra y siempre me viene ese recuerdo a la cabeza.

En cambio, de Simon & Garfunkel, con cachondeo añadido ya que Art y yo a veces usamos el mismo corte de pelo, recuerdo más domingos por la mañana que otra cosa. SObre todo cuando escucho “Bridge over troubled water” o “Scarborough Fair”, claro que los recuerdos de esta última canción están salpicados por el robot que la canta en un capítulo de Futurama. Pese a que el dúo me gusta, tampoco es la música que más relaciono con los viajes en coche con mi madre, con sus guantes de cabritilla, aunque si el “Graceland” de Paul Simon, tan en boga ahora por la reivindicación de Vampire Weekend y Dirty Projectors. Esa cinta ha estado siempre en alguno de los coches de mi casa.

Bruce Springsteen merece capítulo a parte, porque era algo así como la mezcla entre ídolo y sex symbol. En mi casa sobre todo se ha escuchado “The River” en vinilazo… ahí es nada. Teníamos el “Tunnel of lOve” en el coche pero era una buena mierda, quitando un pastelito de canción que no recuerdo como se llamaba, pero que utlizaron en alguna peli ochentera. Pero “The RIver” es una delicia. Más yanqui no puede ser (no espera sí, “Born in the USA”), y de entrañable y esa canción singleazo con el surco destruido de tanto ponerlo que es “HUngry Heart”… madre mía. Doña Isabel todavía guarda en su cartera la entrada del concierto del Boss del Calderón en el año 1982 o por ahí, creo que yo estaba pensado pero ni mucho menos concretado.

Van Morrison será de los que más me ha acabado gustando con el tiempo. El problema es que mi madre siempre ha escuchado a un Van Morrison que no molaba tanto, un poco mayor y ya un poco gilipollas, aunque glorioso de todas maneras. Claro que hubo un punto en el que el pequeño Saltamontes compró el “Astral Weeks” y le dio la vuelta a la tortilla enseñándole a madre lo que de verdad daba de sí el león de Belfast. Una vez escuchas “Ballerina”, “Beside you” o “The Way young lovers do”, dejas de ser el que eras para convertirte en alguien mejor.

Pero Leonard Cohen está en otra liga totalmente diferente. Mi madre tenía en casa el mítico best of, que también tiene Quique, en el que Cohen hace un pequeño comenatario sobre cada canción incluida. Solo el comentario ya te pone los pelos como escarpias. Después tenía su primer álbum y el infravalorado “New Skin for the old ceremony” en cinta para el coche. Lo que se me viene a la cabeza cuando escucho el “New skin…” es el mini traqueteando de noche bajando por la cuesta de los hoyos después de haber cenado de tapas una noche de verano, probablemente en las Cuevas de San Esteban, donde una vez llevé al Charlie y Maral, aquella chica armeno-canadiense.

Mi madre me contó hace poco que la primera vez que escuchó a Leonard Cohen fue en Francia, en uno de esos viajes de verano a los que iban mi madre y mis tíos. Fue en 1969, y pusieron “The Partisan” por la radio. Y dice que desde entonces no ha parado de escucharlo. Con eso, yo llevo toda mi vida, consciente o inconscientemente escuchando a Leonard Cohen, unas veces con más intensidad que otras. La última visita de María Eugenia por Madrid, coincidió con una temporadita en la que estaba todo el día escuchándole. Es curioso porque a mi siempre me ha gustado empaparme con su música en otoño o en su defecto, de noche. Pero esto fue a finales de julio cuando el calor empezaba a poner los cojones encima de la mesa (y todavía no los ha quitado). También hubo una época en que Mercedes me relacionaba con Leonard Cohen y la verdad es que a mí me encantaba.

Así que nuestra cita de mañana tiene mucho de celebración: su cunpleaños, su recuperación, su 30 aniversario de boda y los 40 años de escuchar a Mr. Cohen. Son muchas cosas y tengo muchas razones para estar un poquito enmadrao.

LOS TEMAZOS:

PD: podría liarme a poner canciones de Leonard y no paraba

Phil Spector: “He hit me/ and it felt like a kiss”

1 jun

Algunos que lo lean se pensarán que esto es una canción de Grizzly Bear. ¡No! Aunque la verdad es que la versión está guapísima.

Si escribo esto es porque Phil Spector, el genio loco del muro del sonido, el fabricante de hits cuando la música popular era arte y no mercancía, ha sido condenado a 19 años de cárcel por asesinato. Lejos de justificarle, quiero reivindicar su trabajo y demostrar que hast alas personas más despreciables pueden hacer cosas maravillosas. Schopenhauer era un machista, al igual que Einstein y Picasso debía ser un gilipollas. Phil está loco y mató a una actriz de medio pelo por no someterse a sus cochinadas.

La pobre mujer, a la que disparó encañonándola en la boca, probablemente con algún comentario sádico, se llamaba Lana Clarkson. Tranajaba en una sala de fiestas y había participado años ha en películas de bajo presupuesto. Su mayor logro fue una aparición breve en “Scarface”.

Después de dos largos juicios alegando trastorno bipolar, Spector probablemente morirá en la cárcel, sin opciones de condicional hasta bien entrados los 80 años -ahora tiene 69. Sus locuras son conocidas por todos en el mundillo de la música. Grabando con los Ramones, en una sesión acabó persiguiéndoles pistola en mano. Su fijación por las armas también fue comprobada por Leonard Cohen, a quién puso la pistola en el cuello durante la grabación del infravalorado “Death of a Ladies’ man”. Otra de sus locuras, esta más divertida, fue su manera de pagar la indemnización por divorcio a su ex-esposa Ronnie Spector, líder de las Ronettes. No recuerdo la cantidad, pero sería algo por encima del millón de dólares. ¿Qué hizo Phil? Mandarle un camión lleno de monedas de cinco centavos. Todo lo que cuenta Ronnie spbre su relación con Phil es enfermizo. Los celos le llevaban a llamarla continuamente cuando no había móviles. También la obligaba a dormir con el teléfono descolgado en la almoahada cuando estaba de gira, para asegurarse de que no había nadie con ella. No sé cuánto de cierto hay en esto, ni en que amenazó a los Rolling si se acercaban a ella en un concierto compartido.

Pero eso no quita que haya sido uno de los mejores productores, creador de esa idea babilónica del muro del sonido. La envidia sana que provocaron sus innovadoras técnicas llevarona  Brian Wilson a intentar emularle y puede que superarle cuando parió el “Pet Sounds”. Otro loco, éste entrañable, por cierto.

Llevó la represión adolescente y las charlas de instituto al arte, algo así como “Física o Química”, pero con chicas con vestidos de volantes, el mismo furor uterino pero sin posibilidad de dar rienda suelta a sus deseos en la mojigata america de los sesenta. Después produjo el pero y buen disco de los Beatles, “Let it Be”, a John Lennon, George Harrison, Leonard Cohen, Los Ramones o Ike & Tina Turner -otro misógino Ike. Pero sus obras magnas fueron las de sus mancebos, ya sean Las Crystals, Las Ronettes, los Righteous Brothers,…

Sin conocerle, muchos que leáis esto, conocéis por lo menos 5 canciones producidas por Phil. Uy cinco, o diez si sumamos a los Beatles…

Yo conocí a Phil en una época de buscar quién arreglaba ciertas canciones que siendo de radiofórmula, me parecían la hostia, combinado por una obsesión pasajera por las bandas sonoras de Scorsese. Marty es un jodido de estos grupos de chicas, además de otras barbaridades.

Por eso me jodió mucho cuando leí comentarios sobre la noticia de la sentencia del tipo “la mierda que hacía debía ser un agravante para la condena”. Otro decía que podían condenarle a escuchar sú música durante los 19 años. Será cuestión de gustos pero esos dos tipos son gilipollas. Si se hubiesen rasgado las vestiduras porque en un caso tan claro, con pruebas de ADN y tal, hayan tardado como cinco años en condenar al sujeto, estaría totalmente de acuerdo. Pero criticar su influencia y todas las pequeñas obras maestras que nos ha dado… eso es otra cosa. Algo tendrá cuando todo melómano le respeta sin marcarle con una X por comercial.

Si el genio loco no mata a nadie a pesar de llevar una pistola no pasa nada. Nos reímos de las anécdotas antes citadas, pero si mata a alguien, ¿de repente deja de ser un genio? NO. Si que es verdad que es muy curioso y carne de biopic lo de que el tipo que puso banda sonora a la adolescencia de EE. UU. acabé de una manera tan sórdida, pero no hace más que añadir otra lectura más a sus canciones aparantemente inocentes. De todas maneras, no se cómo no nos lo olíamos. Si su temazo de los Crystals que da título a esta entrada hablaba de un maltrato aceptado o incluso con un puntito masoquista.

Os dejo varias obras maestras para que las escuchéis condicionados. Y un video en el que sale Lana Clarkson, la asesinada -es la rubia.

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