“La verdadera historia de Sacco y Vanzetti” (Errata Naturae, 2011)

Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron ejecutados el 23 de Agosto de 1927, por un crimen cometido el 15 de abril de 1920, que seguramente no cometieron. En este libro, Dos Passos nos explica el cómo y el por qué. El cómo, en la silla eléctrica después de un proceso judicial digno de una película de los hermanos Marx, si estos se hubiesen dedicado al drama desesperante. El por qué; por luchar por los derechos de los trabajadores en pleno auge del capitalismo, justo antes del Crack del 29. Podríamos ver la depresión como justicia divina, si no fuese porque los que sufrieron esa época oscura fueron los Saccos y Vanzettis que no estaban lo suficientemente locos ni eran tan valientes como los auténticos ejecutados.

El libro, escrito antes de la ejecución, es una descripción perfecta de la situación del proceso alrededor de una año antes de su abominable final y de cómo se había llegado a ese punto. Como lectura es disperso y puede llegar a ser muy pesado, debido a que hay capítulos enteros en los que uno se pierde por la jerga legal. Como documento es excelente.

Después de ponernos en situación (a fecha de Octubre de 1926), Dos Passos hace un recorrido por la situación social en EE. UU. El país estaba creciendo a base de mano de obra barata inmigrante aprovechando que Europa salía de una guerra.

El crimen que supuestamente cometieron Sacco y Vanzetti fue el de asesinar y robar a un guardia de seguridad que transportaba los salarios de la Slater-Morrill Shoe Company en Braintree, Massachusetts, en abril de 1920. Debido al terror rojo provocado por la Revolución Rusa, EE. UU. que nadaba en la abundancia derivada de la explotación laboral, tenía miedo a que esos inmigrantes europeos trajesen ideas radicales que cortasen el progreso del capitalismo. Tenían razón, pues en esos tiempos el movimiento obrero en EE. UU. ganó fuerza gracias al lumpen venido del Viejo Continente. Por ello, la presión de patronal y aparato estatal sobre cualquiera que mease fuera del tiesto era durísima. Pero con los dos anarquistas italianos funcionó de otra manera, les cargaron unos muertos desde la fiscalía de Massachusetts. Fue un juicio político y una chapuza del estado americano. No revelo más, el que quiera, que compre y lea.

Es curioso que Dos Passos, que con el tiempo se convirtió en un acérrimo conservador, tomase la causa de una manera personal, hasta el punto de elaborar en estos escritos una defensa no solo ideológica, sino también legal, de los dos anarquistas. El libro se divide en una puesta en escena, una descripción psicológica y política del caso y sus protagonistas y un final en el que se describen los últimos juicios antes de la publicación del libro. Mi partes favoritas son aquellas en que Dos Passos sale de la mera descripción de hechos para rechazar el comportamiento de la sociedad americana (periodistas y organismos estatales) ante semejante ultraje y alabar a aquellos que intentaron sacar a Sacco y Vanzetti del corredor de la muerte.

La verdad es que la parte de confesiones contradictorias, pruebas sospechosas y demás puede hacerse pesada, pero sobre todo es desquiciante. También es desesperante la manera de actuar de la justicia para lograr inculpar a los dos “radicales”. Parece que los cuerpos de seguridad americano hacían las mismas chapuzas en los años 20 que en los 70 que hace unos años en Irak. No cambian. Es tan ridículo que circula una teoría de que en un principio, simplemente la policía no tenía a quién culpar de los asesinatos de South Braintree y buscó a alguien en las cercanías que provocase rechazo para cargarle el muerto rápido. Lo que no sabían es que la bola de nieve iba a crecer tanto y una vez se vieron metidos dentro de su mentira no pudieron hacer otra cosa que encubrirla con más mentiras. De esta manera, los sucesivos juicios se convirtieron en esperpentos tales, que hasta sociedad de abogados claramente conservadores y anti-radicales pusieron el grito en el cielo en favor de dos anarquistas italianos.

De todas las teorías que circulan y de las que se describen en el libro, me temo que es la más creíble. Se supone que a día de hoy no está muy claro que fuesen inocentes o no. Yo creo que lo eran, pero lo mejor que he leído son aquellos conservadores americanos que alegaban que aunque fuesen inocentes de asesinato, no dejaban de ser culpables de ser anarquistas. Y fuera.

[PD Editorial: la edición de Errata es preciosa, sí, pero me da la sensación de que lo sacaron con prisa. Hay una llamada sin nota, líneas abiertas, y, hacia el final, erratas. Tengo varios libros suyos, y es la primera vez que pasa, y espero que la última. La traducción parece bastante buena, fiel y bien explicada.]

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“Calle Aristóteles”, de Jesús Ortega (Cuadernos del Vigía, 2011)

A Jesús le conocí en el máster de edición de Santillana hace ahora dos años. Fue la primera persona que me habló mientras estaba en la calle echando un pitillo, yo le dije que usaba vocales raras así que tenía que ser del sureste de España, me la jugué con Murcia, pero era de Granada. Ni cerca. El tipo sabía mucho de literatura y especialmente de relato corto o cuento (hay miedo a llamar a los ‘cuentos’ así, porque suena infantil, gilipolleces). Con el tiempo mis (nuestras) sospechas se disiparon, el tipo escribía, pero no nos dejaba leer sus cosas. De hecho, le metieron en la antología de Menoscuarto de relatistas del siglo XXI, a él que ha nacido en el 68. Nos enseño el libro pero nos lo quitaba de las manos cuando buscábamos su relato, aunque vanidoso lo enseñaba y después lo cerraba.

El viernes pasado presentaba Calle Aristóteles en Tipos Infames. Llevaba sin verle desde que entregamos el proyecto del máster. Conocí a su editor, del que no recuerdo el nombre pero era un tipo muy simpático y profesional (sólo hay que ver la edición). Cenamos y, obviamente bebimos. Creo que he pasado más tiempo bebiendo cerveza con Jesús que bebiendo café y eso, para mí, es una buena cosa.

Total, que pese a mi apretada y mediterránea economía, me compre el libro, que he leído en un par de días. Aquí no se tiran flores ni se desvelan tramas. Vayamos al grano. El libro consta de diez relatos de estilo muy diverso y nada costumbrista, que creo que algún imbécil ha dicho algo por el estilo:

1º “El paseante”

El protagonista y narrador de esta historia me recuerda a mí cuando he pasado tres días de insomnio, me fijo en nimiedades y las convierto en cosas importantísimas. Me gustó, pero si fuese más largo no.

2º “Mal de ojo”

El choque entre charnegos y “propiamente catalanes” se deja ver entre líneas. La superstición rural en la moderna ciudad de Barcelona (deduzco), la sangre hirviente mediterránea con la frialdad supuestamente más europea de la ciudad condal. El fantasma de los celos, el machismo, la posesión,… Éste es bueno, muy bueno.

3º “Pájaros”

Un chaval humilde, estudioso y al que sus compañeros putean por sistema, aunque creo que desde una mínima ternura. ¿Quién va a por los empollones sin medios en este país? El Opus Dei. Agobiante, muy agobiante con un final redondísimo. Historias parecidas me han contado mis mayores toda la vida. Hijos de puta sectarios que reducen al individuo a un esclavo, y no del señor precisamente, si no del negocio. ¿Qué diferencia hay entre el Opus y la Camorra? Que no matan a nadie, solo matan sus mentes.

4º “Calle Aristóteles”

Usa un recurso final parecido a “El Paseante”. No me parece de los mejores, pero tiene también la longitud justa para contarte una vida azarosa en unas cuantas páginas. Y que hable de Grecia y Salónica pues… sucintamente le da una actualidad que aparentemente no tendría.

5º “Hacer las paces”

En palabras del propio autor este relato es un divertimento y como el tipo sabe escribir pues es desternillante y tiene humor negro. Y es muy anglosajón por cierto.

6º “Otros espejos”

A mí este es el que menos me ha gustado. Pero a los filólogos enamoradizos recién entrados en hispánicas les va a encantar en Primavera.

7º “Cara de llamarse Antonio”

Este cuento me dejó con el culo torcido. Así que tiene que tener algo. Me parece un alarde (para bien).

8º “Una hora y media”

Si Berlanga estuviese vivo, Jesús podría sustituir a Azcona y hacer una película divertidísima a partir de aquí. Pero decidió hacerlo triste, y no está mal, pero Bernardino es feliz.

9º “El final”

Creo que me tengo que volver a leer éste, porque me da la sensación de que es mejor de lo que me pareció en un primer momento. Me parece muy arriesgado escribir “en argentino” y me resultó un poco disperso.

10º “Último Samurái envolvente”

Le dije a Jesús que por lo que contaron en la presentación este relato tenía pinta de ser “muy Tobias (Wolff)” y si que tiene una atmósfera muy parecida. Puede parecer que las dos líneas del argumento están demasiado separadas pero no. Encuentro muchas interpretaciones, pero no soy un lector tan preparado. Sólo sé que lo volveré a leer no por creer que me he perdido algo, sino porque estoy seguro de que voy a encontrar más capas en el texto.

CODA:

No soy un crítico literario, sólo soy crítico. Mi consejo, compren.

The Thick of It: “Come the fuck in or fuck the fuck off”.

If some cunt can fuck something up, that cunt will pick the worst possible time to fucking fuck up, because that cunt’s a cunt.

Malcolm Tucker, director de comunicaciones del Gobierno del Reino Unido e Irlanda del Norte.

Esta frase resume perfectamente el papel de los ministros, diputados y altos cargos políticos británicos en la serie.

The Thick of It es una serie que describe el día a día del Ministerio de Asuntos Sociales del Reino Unido, con el ministro Hugh Abbot al frente, con sus dos asesores políticos Ollie y Glenn y una funcionaria (con contrato) que funciona como jefa de prensa. Entre ellos organizan actos, inauguraciones e intentan sacar adelante proposiciones de ley, electoralistas en su mayoría. Cuando hay alguna metedura de pata, aparece Malcolm Tucker, director de comunicaciones del Gobierno, para solucionar la papeleta. Está grabada con cámara al hombro, no hay música y tiene un colorcillo de vídeo que tira para atrás. Descrito así parece un coñazo. ¿Por qué hay que verla?

La serie empezó a hacerse con los últimos estertores del Gobierno laborista de Tony Blair (al que nunca se menciona). La maquinaria en el poder se describe implícitamente como el Imperio romano o algo por el estilo, ya que llevaban mucho tiempo gobernando. La sensación de las dos primeras temporadas es que nadie en el partido se plantea que vaya a dejar el Gobierno. Después ya viene lo gordo.

El ministro Hugh Abbot es un pusilánime que no hace más que meter la pata y sus dos asesores son unos pringados, Ollie (joven) y Glenn (vieja escuela). Todas las políticas son improvisadas por lo que es imposible que algo les salga bien. Para no herir sensibilidades (no deja de ser un programa de la BBC) escogen un ministerio de mierda, por el que nadie da un duro. Cada vez que una cagada se va de madre aparece el jefe de la “caledonian mafia”, es decir, Malcolm Tucker. El director de comunicaciones parece el que gobierna el país, pues trabaja para un montón de inútiles, incluido el primer ministro. Su manera de afrontar los problemas es echar interminables broncas plagadas de tacos y violentas amenazas, corretear del 10 de Downing Street hasta los diferentes ministerios, siempre colgado de su blackberry. Es delgado, ojeroso, cruel, cabrón, escocés y bastante eficaz en su trabajo. Sus tácticas de desgaste con la oposición y de control de los medios rozan con el fascismo, pero eso no es más que una manera de criticar la borrachera de poder a la que llegó el Partido Laborista y que culminó con la foto de las Azores y la invasión de Irak, seguida del descalabro electoral.

El único objetivo de todos los políticos (ficticios) que van pasando por la serie es uno: no perder el puesto, pues inconscientemente creen que van a seguir gobernando ad infinitum. ¿Quiénes son los únicos que no están en tensión por los errores cometidos por el ministro? Los funcionarios, los que tienen un contrato. La vida misma vamos. El resto viven en una permanente lucha por no perder su puesto, lo que les hace más torpes y más susceptibles a las peroratas de Tucker. Él es el engranaje indispensable para que todo el Gobierno no se vaya a la mierda, el que lidia con las absurdas portadas del Daily Mail y el que pacta entrevistas facilonas en la TV que los torpes políticos convierten en trampas mortales contra su propia persona. Se repite varias veces el siguiente esquema:

1.º Cagada del ministro y/o asesores

2.º Malcolm organiza algo para solucionar la cagada y lavar la cara del ministro

3.º La entrevista/acto empeora las cosas

4.º Segunda solución de Malcolm que deja las cosas más o menos como estaban pero con un desgaste irreparable para el político, normalmente a través de una cortina de humo, no una solución real.

Cuando Tucker entra en escena en el paso 2, los responsables de la cagada ya están totalmente acojonados. Le oyen llegar a los lejos y empiezan los sudores fríos. O peor, no saben ni que está viniendo y llega cuando estaban pensando qué contarle para que no los mate.

Todo el departamento de comunicación del 10 de Downing Street es escocés, violento, adicto al trabajo y consciente de que el control de los medios es lo que les garantiza el empleo. Así que tratan a los cargos políticos de todos los ministerios como una mierda estúpida que tienen que aguantar y cuyos problemas tienen que solucionar para seguir en el poder y, por consiguiente, mantener su puesto. Aferrarse a la silla, trepar, medrar, poner zancadillas a un amigo. Cambiar el carné del partido por tus principios.

Pese a lo aburrido que puede parecer el tema, la genialidad está en que convierten la política en casi una screwball comedy, sobre todo a partir de la 2ª temporada. Esto es, una sucesión de gags disparatados, pero a su vez totalmente creíbles. Entre la segunda y la tercera temporada se rodaron tres especiales en los que aparecían los tories, la oposición. Me imagino que para equilibrar un poco, porque durante 6 capítulos solo se habla de las miserias de los laboristas. Uno de esos dos especiales trata sobre la sucesión, una vez el primer ministro dimite. Obra maestra, y lo vi prácticamente a la vez que Zapatero anunciaba que no se presentaría a las elecciones. Lo que me lleva a pensar: ¿Cómo hacer esta serie en TVE? Imposible. En verdad hubo un Moncloa, ¿dígame? Pero era bastante mierda. Eran otros tiempos.

Como decía uno en Taringa: “The Thick of It es el hijo bastardo de The Office (UK) y El Ala Oeste de la Casa Blanca“. Es una serie que abre los ojos sobre el teatro que es la política, lo poco que preocupa el ciudadano, la poca preparación que tienen los encargados de gobernar, la utilización maquiavélica de la opinión pública, la doble moral (de políticos y periodistas), los peligros del sensacionalismo y (a favor de políticos y periodistas) la vida totalmente esclava al trabajo y éste como destructor total y absoluto de la vida privada (del que la tenga, Malcolm Tucker ni tiene o ni si quiera se insinúa). El problema es que la gente que ve la serie o hemos visto la serie, ya sabe un poco de todo eso que cuentan.

Ahora amagan con una 4.ª temporada, en la que ya no sé cómo lo pueden hacer, aunque renovar la serie con nuevos personajes para hablar de un ministerio de la coalición Liberal-Conservadora puede ser muy divertido, pero es que los personajes “laboristas” son casi insuperables. La verdad es que sí que sé de que va la próxima temporada, pero no lo voy a decir. Serán 6 capítulos sobre… No lo digo. Si no queréis ver la serie entera, ved In the Loop, que es una película que se hizo cogiendo personajes de la serie y dirigida por su creador, Armando Ianucci.

Me veo en la obligación de dejaros unas cuantas frases de Malcolm Tucker, cogidas del Guardian. Ojo, las hay mejores:

•Responding to knock at his door: “Come the fuck in or fuck the fuck off.”

• Tucker’s Law (out-take from the Spinners & Losers special): “If some cunt can fuck something up, that cunt will pick the worst possible time to fucking fuck it up cause that cunt’s a cunt.”

• Moaning about minister on the phone: “He’s about as much use as a marzipan dildo.”

• To a pair of rival advisors: “Laurel and fucking Hardy! Glad you could join us. Did you manage to get that piano up the stairs OK?”

• Dressing down MP, Geoff Holhurst: “You’re so back-bench, you’ve actually fucking fallen off. You’re out by the fucking bins where I put you.”

• Commenting on Ben Swain’s disastrous Newsnight appearance: “All these hands all over the place! You were like a sweaty octopus trying to unhook a bra.”

• Bollocking a communications department employee: “How much fucking shit is there on the menu and what fucking flavour is it?”

• Advising minister Hugh Abbot to keep up with the zeitgeist: “You’ve got 24 hours to sort out your policy on EastEnders, right? Or you’re for the halal butchers.”

• Note passed to assistant Jamie during meeting with blue-sky thinker Julius Nicholson: “Please could you take this note, ram it up his hairy inbox and pin it to his fucking prostate.”

• Admonishing junior adviser Ollie Reeder to respect government property: “Feet off the furniture you Oxbridge twat, you’re not on a punt now.”

PD: el personaje de Malcolm Tucker está basado en Alastair Campbell, que desempeñó el mismo cargo.

Sosa cáustica inglesa: (II) Pulp

Pulp no es “Common People”, igual que Billy Wilder no es “Con faldas y a lo loco”. Eso es reducir a unos genios a una sola obra maestra. Una obra maestra siempre puede ser fruto de varias casualidades. Pero cuando has estado alrededor de 15 años echando sal en las heridas, metiéndote con el vecino y quejándote de lo poco y mal que follas en forma de canción pop hay que tenerte un respeto. Y eso es lo que se merece Pulp en general y Jarvis Cocker en particular.

Hay dos tipos de personas: los que oyen y bailan a Pulp y los que escuchan y bailan a Pulp. Yo soy de los segundos, pero conozco a muchos del primer tipo. Pulp son al brit-pop de los noventa lo que los Kinks a la British Invasion de los 60. El tapado. Estaban Oasis, Blur e incluso Suede por encima, pero en mi opinión, Pulp se los come a todos por los pies. Oasis (yo era/soy muy fan) son muy simplones y tienen muy poco donde rascar, a Blur nunca les pillé el punto pero entraron en un juego estúpido con Oasis que dañó la calidad musical de ambos y Suede, bueno Suede molaban mucho pero acabaron haciendo unos ridículos espantosos cuando decidieron dejar la violencia contenida y la oscuridad y tiraron por el glam. En cambio Jarvis siempre hizo su propia guerra. Se metía en broncas, claro, pero es que ya tenía muchas tablas cuando empezó todo el numerito rosa del britpop.

Hay gente que no sabe que Pulp era un grupo underground que en 1993, año de publicación de Intro: The Gift Recordings en Island Records, ya tenía publicados tres discos, It (1983), Freaks (1987) y Separations (1992). Esos discos son oscuros, no eran fáciles de encontrar y son algo así como Pulp en bruto. Lo que quiero decir es que tardaron como 10 años en empezar a meter la cabecita y todo ese fracaso que acarreaban de sus primeras experiencias discográficas les hizo ser más fuertes cuando sí tuvieron éxito. Además son de Sheffield.

Pulp tiene la habilidad de hacer de una decepción personal un hit, de la mala hostia un rompepistas y del amor y el sexo una broma de mal gusto. De ahí el paralelismo entre Ray Davies y Jarvis, que se han llevado muchas hostias y en vez de ser unos tristes, se convirtieron en tipos realmente listos, ácidos y afilados. Lo que no quita que la desganada manera de cantar y escribir de Jarvis tenga muchas veces un deje melancólico de borracho acabado y ridículo que le hace aún más fuerte.

Empecemos con los temazos: “I want you” (Freaks, 1987) es una canción sobre perder a la mujer de tu vida, o eso te pensabas, por no tragarte el orgullo. Estribillo desesperado y coros de chiste, para acabar maldiciendo a tu estúpido orgullo. La siguiente que me viene a la cabeza es “Don’t you know” (Freaks, 1987). Esta guarrada de canción es sobre tener una novia que es tal bestia en la cama que no te haces con ella y no lo disfrutas y acabas llorando como un niño después de eyacular. “Little girl with blue eyes” (single,1985) es una manera un poco bestia de decirle a esa chica que ese chico sólo quiere llevarte a la cama: “Little girl (with blue eyes)/There’s a hole in your heart and one between your legs/You’ve never had to wonder which one he’s going to fill in spite of what he said”. “Death comes to town” es una canción cachondísima sobre prometer el oro y el moro a la primera que te encuentras en una discoteca… Si la canción fuese de Gabinete Caligari se llamaría “Zalamero”.  Y hasta aquí la edad oscura de Pulp, que tiene muchas más buenas canciones, pero que tiene algunas donde se les nota que les faltan kilómetros.

En Pulp Intro: The Gift recordings, su primer EP para Island Records es donde empiezan a ser lo que casi todo el mundo conoce. Esto es odio y hit a la vez. En “O.U” Jarvis vuelve a hacer hincapié en la falta de confianza de un tipo para recuperar a su chica, pero en tercera persona. En “Babies” (el temazo) no habla de otra cosa que de un adolescente cochino, pero es que es un hit cuyo vídeo es lo más grande que se ha rodado en Sheffield. Las canciones a partir de este EP empiezan a ser narraciones más completas, sobre todo cuando pensamos en “Razzmatazz” o las tres canciones que cierran que cuentan la historia de Susan, desde que es una adolescente calentorra hasta que se convierte en una no tan respetable ama de casa burguesa. Cuando te has reventado a bailar con una canción tan dura como “Razzmatazz” te das cuenta de que toda esa mala baba de Jarvis te circula por el cuerpo como puta heroína.

El His’n’Hers (1994) es un disco totalmente infravalorado. En él se meten con el inglés medio adicto al binge drinking (“Joyriders”), las novias florero y cornudas y abandonadas (“Lipgloss”), las señoras con amantes jóvenes (“Acrylic afternoons”), la perdida de la dignidad de una enamorada (“Have you seen her lately?”), cohinismo extremo (“She’s a lady”),… “Happy endings” es hasta bonita, pero es que… ¿quién se fía de Jarvis a estas alturas? ¡Qué coño! Es puro sarcasmo. También tiene su hit sobre la torpeza a la hora de perder la virginidad (“Do you remember the first time?”). Pero la canción que me quema por dentro es “Pink Glove” sobre fetichismo y perversión… de una ex con su nueva pareja. Y creo que parece que el narrador se está masturbando mientras piensa en las guarradas con látex que hace su ex con el otro… ¡Jorl!

Del Different Class me da pereza hablar. Estoy hasta los cojones de “Common People” y de “Disco 2000”, aunque menos. Pero bueno, es un disco redondo, más pulido, con una producción menos casposa, o con la caspa justa. Normal que triunfasen, las melodías son cojonudas, es aún más british y con un contenido más social y menos sentimental. Jarvis da un paso adelante sin renunciar a nada. “Mis-Shapes” es una canción pop sobre los desposeídos. “Pencil Skirt”, “Underwear”, “I spy”, “Live bed show” son fetichismo, voyeurismo e incluso pederastia. Estoy escuchando “I spy” ahora mismo y es que es una guarrada que me encanta… “Something changed” puede ser la más bonita y convencional canción de Pulp. “Sorted out for E’s & Wizz” no trata de otra cosa que de jóvenes perdidos en Glastonbury, probablemente. “Underwear” la veo como una canción que explica mucho de los sentimientos de Jarvis. La chica que ha querido follarse toda su vida acaba perdiendo la virginidad o simplemente acostándose con otro. Ahí tenéis la explicación a toda su acidez, tardó en follar con quien quiso, era más de follar con quien podía (como casi todos, ¿no?). El nuevo aporte conceptual del disco es la doble moral de la supuestamente mojigata sociedad inglesa.

El This is Hardcore (1998) es una vuelta a los orígenes en cierta manera, pero con dinero. El punto glamouroso, producción excelsa que le habría pegado a los discos primerizos de Pulp los consiguieron después de hacerse millonarios con “Common people”. El disco pierde fuelle, es menos transparente es sus letras, más oscuro, más ácido y muy cínico, pero de una manera diferente. Eso sí, el vídeo del tema homónimo y los arreglos son impresionantes. We love life (2001) peca de lo mismo, pero lo produjo Scott Walker y con eso ya gana puntos. Por eso y por una canción tan extraña como “The trees” y otra tan divertida como “Bad cover version”. Además, Pulp colaboró en bandas sonoras, como la de Trainspotting con “Mile end” o Grandes Esperanzas, con “Like a Friend”, cuyo final es para enseñárselo al NME para que se den cuenta de que los nuevos Beatles que venden una vez al mes no valen nada.

Aquí os dejo las letras y unos vídeos para que veáis a Jarvis bailando que es lo más grande que hay. Las canciones mencionadas están todas en spotify.

Fina ironía inglesa: (I) The Kinks

The Kinks, The Fall y Pulp. Tres grupazos, tres líderes carismáticos, cada uno en su estilo, tres fuentes de conocimiento sobre la sociedad inglesa y bastante atemporales todos. No voy a tratar musicalmente sus composiciones, más que alguna pincelada para entender lo que aportan al tono de lo que están cantando.

Empecemos por The Kinks. Empezaron como un grupo muy rockerillo, muy garajero, de esos que influenciarían a toda la caterva de los Nuggets. Sacaron tres canciones que se parecían sorprendentemente, que parecían la misma con distinta letra y la misma fuerza. Pero fue cuando sacaron “A dedicated follower of fashion” y “A well respected man” cuando empezaron a destacar. Ahí fue cuando pasaron de ser unos macarras a ser irónicos y sarcásticos. El primer single (dicen) trata sobre George Best, pero realmente trata sobre cualquier hipster de la época, siempre preocupado por su ropa y su persona sin dar un duro por nadie. Creo yo que Ray Davies tenía algún tipo de complejo de feo porque trata este tema bastantes veces, el narcisismo. “A well respected man” no deja de tratar sobre un niño pijo de familia educada y con la doble moral disparada por las nubes, con un padre adúltero y una madre posesiva que hace todo “de una manera tan conservadora”.

A partir de ahí empezaron los discos en los que Ray Davies se erigía como pícaro observador de la cultura inglesa, cargando contra políticos, ladrones de cuello blanco, alumnos de Eton y demás. En el Face to Face da un puñetazo en la mesa y empieza a dar hostias divertidas a diestro y siniestro, aunque tiene alguna canción más melancólica. “Rosy won´t you please come home” es una canción muy triste. Es una carta de una madre a su hija que “se ha unido a las clases altas”, quiero pensar que como mujer florero o directamente prostituta y que lleva mucho tiempo sin dar señales de vida a sus humildes padres. El tema enlaza con la siguiente canción del disco, “Dandy”, que trata sobre un zorro plateado que no quiere envejecer y cuya vida crápula se le viene en contra con la edad, o al menos es el deseo del narrador, que le dice: “And when you’re old and grey you will remember what they said/That two girls are too many, three’s a crowd and four you’re dead”. El dandy se niega a parar su vida de empedernido soltero, pero se hunde claramente en el lodo. La tercera canción a comentar de este disco sería “Sunny Afternoon”, que no trata de otra cosa que la gente que para costearse un tren de vida vertiginoso, con amante, coche deportivo, respetable familia, etcétera, empieza a defraudar a hacienda. Hasta que claro, le pillan y le embargan todo. Esta historia es tan actual que da hasta miedo.

En su siguiente disco, Something else by the Kinks,  voy a destacar dos canciones, por no hacer esto demasiado largo. Abre con “David Watts”, una canción envidiosa y puede que algo de homosexual por debajo en que Davies habla de un compañero de clase que era el más listo, el más guapo y el más puro y educado. En “Two sisters”, Sylvilla y Percilla, trata no uno sino dos temas de lo más candentes. Sylvilla es una mujer adinerada y libre de todo trabajo, lo que provoca las envidias de su hermana Percilla, ama decasa con hijos entregada a sus labores. Percilla intenta emular a su exitosa hermana, soltera de oro, pero se da cuenta de que la frívola vida de Sylvilla no vale una mierda comparado con compartir tiempo con sus preciosos hijos. En ese punto, todas las envidias se van. En la misma canción carga contra la frivolidad de una con sus “cultos y jóvenes amigos” y contra la casada envidiosa para la que toda soltera exitosa es poco menos que un zorrón. “Waterloo sunset” es una canción más convencional, pero no deja de ser preciosa. Es la típica historia de que los enamorados se sienten especiales y únicos en el mundo, aunque no lo sean, a Terry y Julie les da igual, tienen la puesta de sol de Waterloo Station.

The Kinks are the Village Green Preservation Society es un disco que bien podría tratar sobre ludistas, retrógrados, clubs de señoras en contra de cualquier tipo de avance moral, social o tecnológico. Realmente es un álbum conceptual sobre la manera de pensar de los habitantes de la campiña inglesa. Es un disco “rural” en el sentido en que Davies se aleja de Londres para hablar sobre terratenientes y siervos de nuevo cuño de las islas británicas. Bueno no, mejor. Es irónico, es épico, y trata sobre gente del campo. Es como si en Segovia alguien hace un disco sobre la manera de pensar del grueso de los marraneros. Dos curiosidades, el álbum está excelentemente producido por el propio Ray Davies y la canción “Picture Book” fue desvergonzadamente plagiada por ese mal grupo llamado Green Day.

En el disco de 1969, Arthur or the decline of the British Empire, hacen su disco más político. Empieza con un temazo, “Victoria”, que versionó The Fall y después Sonic Youth sobre los nostálgicos de la constreñida sociedad victoriana y el Imperio Británico. Después se suceden canciones sobre la discplina militar y la negación del individuo, referncias a Churchill, a los dudosos beneficios de la Commonwealth, las inmoralidades cometidas por los “hijos de alguien” en el campo de batalla. La canción “Drivin'” trata sobre el típico ombliguismo del Estado británico: “dejemos que se maten los españoles y los rusos mientras vamos a hacer picnic”. Esa frase es dura, sobre todo cuando piensas en el comité de (no) intervención en la Guerra Civil española.

El álbum más flojo de la edad dorada de The Kinks, es Lola vs. The Powerman vs. the money-go-round. De todas maneras, el tema tratado es fácil. Es el fin del swinging London que empieza a dejar paso a la era del glam y del horterismo (para reducir deprisa) y ahí ya los Kinks no supieron adaptarse, pese a dejar su canción más famosa desde el “You really got me”, “Lola”, sobre un travesti del Soho. Dicen que el propio Ray Davies tuvo una aventura con uno, otros dicen que fue el manager. Al fin y al cabo es un alegato en favor de la libertad sexual.

Hay muchas más canciones de los Kinks que merecen mención, pero no caben todas. Buscad los discos. Los más accesibles, Face to Face y Something Else. Los más british, Village Green Preservation Society y Arthur. Todos son buenos, irónicos, divertidos y ácidos. Disfruten aquí, aunque no está todo, pero añado “Dandy”, que no se diga.

HBO: cuestionando el sueño americano

La network HBO se preocupa en cada una de sus series de echar abajo algún mito de la edulcorada historia americana. Cada uno de los shows de la HBO redunda en 3 cosas: 1.º En todas partes cuecen habas; 2.º No es oro todo lo que reluce y 3.º Nunca digas este cura no es mi padre.

Los Soprano, serie estrella, pedazo de serie. Gloria. Tira el mito del mafioso glamouroso que me imagino los propios mafiosos se preocuparon en promocionar, el de la cuerda de El padrino, que no vende drogas. La ficción de los gángsters americana a veces cae en la aceptación, sobre todo los de segunda generación y en películas y series de mala calidad. Promociona la avaricia a toda costa y siempre ha sido una metáfora de la política americana. Pero en los Soprano va al extremo, ya que por primera vez (por lo menos para mí) se habla de como estos tipos no viven tan bien y sus familias tienen muchos problemas relacionados con el modus vivendi de su patriarca. Las mujeres de los Soprano miran para otro lado pero a la vez viven como reinas, como las mujeres de los futbolistas más o menos, que venden su dignidad a cambio de cinturones de Prada (no todas, me imagino, no quiero buscarme enemigos). Los Soprano demuestra que el crimen organizado es muy esclavo de sí mismo y que la avaricia rompió el saco [los refranes los estoy usando conscientemente, no soy yo de tanto refrán normalemente]. A través de una serie sobre mafiosos horteras de Nueva Jersey, los creadores cargan contra la familia americana, la mojigatería, el machismo y la hipocresía (de Carmela Soprano). También les dan un voto de confianza, en el sentido de que hasta el más cruel asesino se preocupa por sus hijo y quiere darles una vida digna y feliz. Los Soprano, como muchas otras series, acaba con el típico maniqueísmo americano. Nadie es bueno ni malo y el poder corrompe, ya sea político o en el sindicato del crimen. El dinero y la avaricia es lo que destruye a todas y cada una de las familias que van desestructurándose en Los Soprano. Sí, hay “medievaladas” en el camino, pero todo gira en torno a cómo los miembros de la banda medran para ascender y desplazar al que está un peldaño por arriba para tener que pagar menos tributo al de encima (y ganar más). El respeto lo da el dinero y una Smith & Wesson. Esta frase sacada de contexto la aceptarían muchos tejanos. Eso es lo que ataca sucintamente Los Soprano.

En The Wire cargan casi directamente contra Reagan y su guerra contra las drogas y todo lo que provocó y sigue provocando. Reagan es para los más liberales (económicos) uno de los mejores presidentes de la historia, para los otros el peor. Para mí, entre él y la Thatcher prácticamente vendieron los estados y acabaron de destruir el mundo. The Wire muestra la pobreza absoluta que hay en EEUU, la desigualdad, la vida en ghettos (de ricos y pobres),… También carga contra los políticos profesionales, aquellos cuya campaña se centra en ganar y después olvidarse (como todos, pero en EEUU llevado al extremo). Os remito a una de las entradas que hice sobre la serie y al comentario de Kicks sobre el chain of command y el punto de vista sociológico. Lo que pasa en Baltimore pasa en cualquier gran urbe post industrial americana, véase Philadelphia, que está al lado. La vida en la calle es la guerra y las reclamaciones al maestro armero, porque desde el senador al alcalde, pasando por la policía, etcétera, solo piensan en sí mismos y sus carreras, si no son corruptos directamente; y eso en EEUU significa tener un par de coches poco ecológicos, trabajar poco, ganar mucho y olvidarse de todo lo malo que pasa a unos cuantos kilómetros de tu casa. Un ejemplo: Omar le dice al abogado judío de la pandilla de los Barksdale “Yo robo a los narcos con una escopeta, tú con el maletín. Tenemos el mismo trabajo”, más o menos.

De Tremé ni hablamos. John Goodman se convierte en portavoz de todos aquellos que piensan que el desastre del Katrina fue más político que meteorológico. Cuando Kanye West dijo que Bush era un racista no le faltaba razón, porque como cara visible de la Unión es tan racista como ésta. A día de hoy se podría decir que es más cuestión de clase que de raza, pero bueno, ¿a quién le importa toda esa gente desplazada y sin casa de Nueva Orleans? Louisiana tiene una cantidad considerable de gente que vive por debajo del umbral de la pobreza y en EEUU hay más pobres de solemnidad de los que uno puede imaginar. En un capítulo, alguien reivindica que Nueva Orleans es una de las ciudades con más agitación cultural, mestizaje y originalidad que hay en todo EEUU pero que nadie se preocupa por ella. En esto se resume que todas esas herramientas de integración cultural valen mucho menos que cualquier industria armamentística, por ejemplo. Una ciudad que destaca por la conjunción de culturas, que ayuda al desarrollo de las personas y las sociedades no le importa una mierda al gobierno federal. Lo importante es echar una cortina de humo cuanto antes. Tremé es desesperante, aunque a la vez ves los cojones que tienen algunos para salir del fango (literal y metafórico) y la necesidad que tienen de poner todos juntos la ciudad en movimiento y como a raíz del huracán, los habitantes de NO unieron fuerzas y dejaron el egoísmo de lado, viéndose desamparados por el gobierno.

Lo bueno de Boardwalk Empire es que directamente trata el origen del crimen organizado y la edad dorada de los gángsters: la ley seca. El puritanismo provocó la prohibición y de ahí a convertirlo en un lucrativo negocio en un país con buen nivel de vida (hasta 1929). La hipocresía aquí va al extremo, ya que estaba prohibida la venta de alcohol, pero no el consumo. De tal manera que fue una medida para aplacar a los puritanos, pero el que consiguiese alcohol podía seguir bebiendo. Resultado: mafia, alcohol de mala calidad y serios problemas de salud, apoyados desde las elites que no querían dejar de tomarse sus copitas y a los que interesaba que la gente siguiese bebiendo mientras los grandes jefes del crimen pagasen a la policía y financiasen campañas electorales. Se hicieron inmensamente ricos y con el modelo de política americana, solo los inmensamente ricos pueden donar dinero a las campañas. Pero, por supuesto, esas donaciones no son desintersadas. En la serie, el crimen organizado de Chicago y de Atlantic City financian y ayudan en la campaña al presidente Harding, que no tenía muchas luces por lo que se cuenta, como Reagan, marioneta que cuando salía del guión impuesto por sus mecenas, la cagaba.

Lo de Deadwood es sencillo. Los americanos crearon su pasado épico a través de la conquista del Oeste. En realidad eso fue una sucesión de depravación y latrocinio. La idea era que todos los criminales iban al Oeste a territorios sin anexionar porque allí no había ley. Así que los habitantes de los diferentes pueblos más allá de las fronteras eran cazafortunas, fugitivos, proxenetas,… Lo mejor de cada casa. Por supuesto que había honrados inmigrantes que solo querían empezar una vida con su trocito de tierra pero, ¿quién era la Ley? Ahí lo dejo. Además, el modelo consumista americano ya estaba bastante arraigado. Todo lo que ganan los mineros se lo gastan en putas y en alcohol. Otra pregunta, ¿sobre qué se construyó la fortuna de la familia Hearst (Ciudadano Kane)? La respuesta para el que vea la serie.

Ahora estoy viendo Curb your enthusiasm (Larry David). Llevo dos temporadas y es, de las series que he visto, la que ataca a América de una manera más amable y a algo menos importante pero que sí rige el modo de vida americano: la corrección política. Larry David (hablo del de ficción) tiene un sistema de valores totalmente respetable que la mojigatería convierte en insostenible. Se busca problemas por todo y él es bueno e intenta adaptarse a lo que todo el mundo le pide y entonces todo va a peor. Resumen, no tienes que ser quién eres si no el que el grueso de la población quiere que seas. De los 20 capítulos que he visto yo creo que por lo menos en 18 alguien le dice a Larry David que tiene que pedir perdón por algo que no es para tanto. Él va a pedir perdón y entonces lía una más gorda. Bobadas como el stop & chat. Encontrate con un prácticamente desconocido y tener que pararte a hablar de nada. O que un tipo que no conoces de nada te pida una carta de recomendación porque has ido a dos cenas hipócritas con él. Larry siempre queda como el falto de tacto, el malo, el pervertido, el mentiroso,… cuando el sólo intentaba actuar como todos esperaban. Cuando actúa según sus (en mi opinión) respetables valores es casi peor, porque parece un ateo, cínico y listillo. Uno de los momentos sublimes es cuando le llaman self loathing jew, judío que se odia a sí mismo, por el mero hecho de que le gusta la música de Wagner. Otro ejemplo de cómo se mueve Los Ángeles y alrededores, es que nadie puede entender como un tipo con unos 400 millones de dólares en el banco sea tan sencillo en su forma de vestir y en sus gustos.

Tampoco hay que pensar que la HBO es una network con muchos ideales, yo lo veo más como mérito de los creadores de cada serie. De todas maneras, el cliente medio de la HBO es gente progresista y con pasta, cayendo en la paradoja de que lo mismo están sentados viendo The Wire, en vez de estar haciendo algo por el cambio. También me lo podéis decir a mí cada vez que hago una entrada de éstas. A pesar de todo, me parece que la labor que hace sí puede tener sentido porque la gente con capacidad crítica que vea sus series tendrá una buena fuerte de entretenimiento, conocimiento y abrirá su campo de visión.

PD: OZ la empecé a ver, pero no tuve güebos para seguir y Six feet under no la he visto. La serie sobre la cárcel dicen que puede ser de las mejores y más desconocidas de la historia, pero es que el sistema de prisiones americano es para echarles de comer a parte, subcontratado a empresas privadas, lo que repercute en la dureza de las penas. A más población reclusa, más dinero. ¡Los presos también son mercancía! A dos metros bajo tierra, me han hablado bien y pongo la mano en el fuego porque no sea una serie aséptica.

La censura en los comics: La comisión de 1954 del Senado de EEUU

Una portada de cómic. Una mujer sin cabeza y la cabeza sujeta por un hombre con un hacha. William Gaines fue preguntado en una comisión del senado de EEUU a propósito de este dibujo. El señor Gaines sostenía que el solo hacía portadas de buen gusto. “¿Una mujer sin cabeza también es de buen gusto?”, vino a decir el senador Kefauver. “Sí, para un cómic de terror.”

En 1954 se llevó a cabo una subcomisión sobre delincuencia juvenil en los EEUU. Entre otras cosas se habló de tebeos. A partir de un libro de un psicoanalista de medio pelo, el doctor Fredric Wertham, llamado Seduction of the Innocent se creó todo un movimiento de repulsa a cualquier posible mala influencia sobre los jóvenes americanos. En el libro se hablaba de libros (novelas negras), películas y también de tebeos. Los ataques a la honorabilidad de los superhéroes han llegado hasta hoy: Batman es un pedófilo que mantiene una relación “maestro-alumno” a la Antigua Grecia con Robin; o Wonderwoman es un poco marimacho. Otra muy curiosa por ejemplo es que Superman es un mal ejemplo porque, aunque luche contra el crimen, siente placer al forrarles a hostias y es muy superior a sus enemigos, por lo que no está bien abusar. Superman es un fascista. El escritor es un tipo que decía: “Si me encuentro con un joven rebelde en un callejón, preferiría que no hubiese visto Bonnie & Clyde“.
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