Crónica sentimental de The Wire

Después de unos dos meses y medio viendo The Wire, el martes acabé con ella. Sesenta capítulos que, si no llega a quemarse el transformador de mi portátil, me habría metido en mucho menos tiempo. Así con todo, y en un año un poco especial que llevo y una temporada llena de desidia e inactividad (que acabó con mi llegada a Segovia) Baltimore ha sido casi como mi familia.

A parte de estar continuamente usando jerga ‘wirista’ con Quique y Benja e incluso con Chulen, que ni si quiera ha visto la serie, cualquier cosa la relacionaba con el agujero del infierno que es la ciudad más grande del estado de Maryland. En Madrid, en Tirso de Molina, veía camellos y niños correteando por todas partes y en Segovia, el polígono de San Millán me recordaba a las Torres de Baltimore Oeste.

Por eso en el momento en el que acabé la serie, casi a las 3 de la mañana de un jueves de agosto (o miércoles no recuerdo bien), me quedé en ‘standby’. Después de conocer el destino de los personajes y el destino de la ciudad en que se desarrolla la acción me invadió el alma una sensación de impotencia y de desasosiego, porque ahí acababa el viaje. Un trayecto que empezó con una muy buena serie sobre la droga en Baltimore y acabó siendo un reflejo de Baltimore entera y sobre la América urbana y oscura que no conocemos, la de las diferencias sociales, la delincuencia sin elegancia, la avaricia y la corrupción, es decir, probablemente los verdaderos Estados Unidos de América.

La crudeza de las investigaciones y casos, la frialdad tanto de delincuentes como de policías, eliminaba cualquier concepto del bien y del mal que hubiese pregonado cualquier serie policíaca. Y es que The Wire es mucho más que un departamento de policía intentando coger a los malos. La ética es una cosa demasiado elevada cuando estás persiguiendo a gente responsable de una sociedad enferma o, por el otro lado, la ética es un conceptio demasiado elevado cuando has nacido en un barrio sin oportunidad de estudiar o encontrar un trabajo digno. ¿Quiénes son malos y buenos? Pffff, ni idea.

La serie da una idea general, pero clara, de como pueden ser ciudades como Philadelphia, Saint Louis, Detroit,… y otras grandes urbes americanas que por las razones que sean se quedan apartadas de las cámaras, en cuanto a ficción se refiere. Pero además es una obra de ficción extraordinaria, y una vez queda claro que los bandos no están muy definidos, o que además de los dos grandes bandos, éstos están compuestos por miles de átomos, te regala individualidades espectaculares. Es decir, personajes maravillosos y complejos. De esta manera consiguen meterte una lección de historia reciente o de puro periodismo (el creador era periodista de sucesos del Baltimore Sun) y entretenerte y absorverte un porcentaje importante de tu cerebro durante un tiempo.

Si uno se siente algún tipo de empatía con cualquier personaje de The Wire, ya sea un policía de narcóticos o un chaval que vende viales de heroína en una esquina, es porque son gente normal, como cualquiera de los espectadores. Lo que pasa es que yo vivo a gustísimo y a ellos les ha tocado vivir en la jungla. Por eso por mucho que sea una pieza de entretenimiento, algo se te muere dentro cuando hay una baja entre tus personajes entrañables, a esos que apadrinas y de los que estás siempre atento cuando salen en pantalla.

Ahora me acuerdo cuando me meto con mi amiga Mercedes por lo a flor de piel que se lo ponen los sentimientos con casi cualquier película que pueda provocarlo. El caso es que a mí me ha pasado muy pocas veces llorar viendo una película o una serie, alguna vez, sí, pero pocas. Pero es que con The Wire se me han puesto los ojos vidriosos más de una vez y de dos. Como excusa puedo decir que este año he estado hipersensible y que todos y cada uno de los 60 capítulos de la serie los he visto solo y en su mayoría de noche. No sé si es una buena excusa pero a mí me lo parece. Por las noches, mi familia eran Bunk, Jimmy, Lester, Kima, Bodie, Omar, Butchie, Cutty,…

No quiero ni imaginar si yo hubiese visto la serie durante los 6 años que han transcurrido desde su capítulo inicial hasta el final. En según que acontecimientos yo no habría podido aguantar una semana. Pero vamos, que lo mismo estoy exagerando muchísimo y esto le pasa a todos los ‘losties’. Sinceramente no creo. El hecho de que la serie sea tan sumamente real y realista (hasta el punto de que las autoridades de Baltimore se quejaron de que la excesiva fidelidad provocaba un descenso del turismo) hace que todo te toque mucho más de cerca.

Lo dicho, que llevo un par de días intentando asumir muchas cosas que no cuento para no joderos la serie. De hecho, creo que he escuchado “Way down in the hole” de Tom Waits como un millón de veces, y cada vez que la escucho me acuerdo de la familia Sobotka. Pero eso y es otra historia.

La siguiente entrada será una crónica más profesional sobre la serie, para aquellos que estén dudando si verla o no.

Anuncios

  1. rosa

    mi serie de estos últimos meses (vista íntegramente sola y de madrugada) ha sido Six Feet Under (ya, llego un poco tarde…)
    a pesar de cierta decepción en las temporadas “de por la mitad” NUNCA, nunca, nunca he llorado por ninguna serie como lloré (y lloro todavía cuando me da el punto masoca y me lo pongo en el youtube) con el final de esa serie.
    mi hermana ni siquiera ha pasado de dos temporadas y cuando le puse los 3 minutos finales (se pueden ver, no te estropean la sorpresa, bueno un poco sí, pero es que poca gente aguanta las 5 temporadas enteras de A Dos Metros Bajo Tierra como aquí la bautizaron, o en todo acaso no ahora con tanta sobredosis de series buenas y/o enganchables) me acmompañó en el llanto cuan magdalena… y no, Rafa, no es por pavismo.

  2. Kicks

    Amén, hermano.

    Estamos con Baltimore.

    Me he dejado definitivamente la última temporada para que mi vuelta a Madrid sea más llevadera.

    También porque creo que no quiero aceptar que tiene fin.

  3. chulen

    Veo q sigues jodido,pero ya sabes q tu gente no desaparece sino los borras de tu disco duro.Puedes repetir y volver a verte la serie cuando quieras viendo y llegandoa nuevas conclusiones.
    -¿hay aqui algun borracho?
    -Yo.
    -yo voy trompa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s