Crónica pseudoprofesional de The Wire

Después de escribir con los nervios a flor de piel, toca tirarse el pisto con una crónica periodística sobre The Wire.

The Wire es una serie creada por David Simon, ex cronista de sucesos del Baltimore Sun. La serie empezó a emitirse en el año 2002 a través de la HBO. La trama, en un principio, es la lucha del departamento de policía de la ciudad, ahogada por el crimen, contra las drogas. Para ello se crea una unidad especial con gente varios departamentos, cada uno con una especialidad. Gracias a escuchas telefónicas y vigilancias intensivas, pretenden acabar con los capos, antes que detener a simples camellos. Y de ahí al infinito.

Cinco temporadas, más o menos cada una es un caso diferente, de tal manera que no hay una historia principal, una trama de años, no. Esa trama principal sería la ciudad de Baltimore en sí. Subtramas hay como un millón, puedes buscar pequeñas historias por todas partes, desde la vida privada de los protagonistas, hasta el desarrollo de personajes aparentemente triviales que llenan de significado todo lo que la serie quiere transmitir.

Se parte de la base de que el protagonista de la serie es Jimmy McNulty, interpretado por el actor inglés Dominic West. Jimmy es un detective de homicidios del BPD. Entrañable, ‘workaholic’ y ‘alcoholic’ también. Divorciado con dos hijos y una obsesión desmesurada por su trabajo y un gusto especial por acompañar la Heineken por chupitos de Jameson. De todas maneras, a medida que avanza la serie y las tramas, el peso de los personajes puede variar mucho, nadie es imprescindible.

Los malos son Avon Barksdale y Stringer Bell y toda su organización criminal que controla las viviendas de protección oficial del oeste de la ciudad y que utilizan como supermercado de la droga. La policía empiezan a perseguirles después de que una serie de hechos les convierta en objetivo de varias secciones departamentales de la policía y empiece su seguimiento.

Tampoco se profundiza mucho en la vida personal de los personajes. Muchos hablan de ella como si ya les conociesemos, fuera de todo contexto, y aún así lo poco que dicen puede llegar a ser muy importante. Es curioso que la serie hay sido creada por un periodista, porque se nota en una cosa. Casi todo el mundo que está en pantalla, está trabajando o hablando de trabajo. Aunque McNulty es el colmo de la adicción al trabajo, casi nadie se libra en la serie. Si están en el bar hablan de trabajo, si están vendiendo droga (trabajando), puede ser que hablen de chicas, pero siempre alerta.

A pesar de que esta es la trama del episodio piloto, por supuesto que luego todo crece. Básicamente os he escrito lo que pondría en la tapa de atrás si The Wire fuese un libro. Pero es que no quiero fastidiar nada a nadie. Lo que hace a The Wire una obra magna es los millones de capas que tiene, los guiños, la música, la realidad y la crítica feroz a las instituciones. Visualmente es espectacular y a medida que avanza la serie, la calidad de la narrativa visual crece exponencialmente. Baltimore se presnta oscura y sórdida de noche y nublada y sórdida de día. El que tiene granos tiene granos y si hay que decir ‘black guy’ en vez de ‘african-american’ se dice.

El habla fluye natural y encasilla a los personajes, quién fue a la universidad quién no,… Yo la verdad es que recomiendo encarecidamente verla en inglés, porque los negros de la calle son un auténtico espectáculo hablando. Por ejemplo, la mayoría ni usan el verbo ‘to be’: “He (was) a important guy back in the day”. Luego, al igual que en la vida real, nadie habla con corrección excepto cuando está en un acto oficial o frente a las cámaras.

Otra cosa maravillosa, y que ya se ha hecho antes, aunque no sé si a estos niveles, es que quitan ‘glamour’ al mafioso y el aura santoral a los policías. Hay de todo como en todas partes, fuera estereotipos y filtros para suavizar la acción. Si hay que sacar a un policía metiendo de hostias a un chaval de 16 años porque lo ha pillado vendiendo drogas, pues se saca. Esto es un ejemplo de una de las miles de tesis que deja caer The Wire. La mejor manera de luchar contra la brutalidad policial no es mirar para otro lado, es mostrarla sin edulcorantes. La brutalidad policial es una de las cosas que denuncia la serie, así como la corrupción de las instituciones, la falta de profesionalidad, las diferencias sociales, el racismo (Baltimore, 65% de afroamericanos, lo que provoca situaciones extrañas), la falta de oportunidad, la gran mentira que es el sueño americano, la ignorancia, la cultura del pelotazo, la aceptación social de los traficantes,…

Por eso decía que, aunque se centre en Baltimore, ésta sirve como ejemplo de las grandes urbes americanas olvidadas y hundidas bajo unas apabullantes cifras de crimen. Claro que Baltimore es el colmo. Con medio millón de habitantes escaso, tiene más del doble de asesinatos al año que Los Ángeles o Nueva York. Pero cada temporada de la serie añade una nueva líena de argumento, sin perder totalmente las anteriores historias. Por eso, cuando llegas al final de la serie ya sabes más o menos como funciona el departamento de policía y los juzgados, obvio, pero también la escuela pública, el ayuntamiento, los medios de comunicación, los mercados de la droga, la construcción, el puerto, las aduanas,… Cuando te quieres dar cuenta, te has calzado un falso/verdadero documental de 65 horas sobre Baltimore, Maryland. Y quieres viajar allí, aunque sepas que está situado en el primer círculo del infierno.

PD: encima, para calentarte más la cabeza la canción es de Tom Waits. ‘Way down in the hole’ se llama y dice algo así como “tienes que mantener al demonio bien dentro del hoyo”. Probablemente la canción de Waits trataba sobre olvidar la bebida. Pero lo que transmite en relación con la serie es más bien desesperación. Alude a caminar junto a Jesús si te quieres librar de Satán. Parece Kaká quien habla, pero es más bien un mensaje de “como nos ayude el altísimo… estamos jodidos”.

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  1. Kicks

    Muy acertado todo, Rafael.

    Únicamente me gustaría añadir algo más sobre la parte política del asunto. Realmente impacta de qué manera (tan intrincada) circulan las órdenes, desde la alcaldía hasta el policía de barrio. Órdenes estructuradas muchas veces en base a intereses políticos, pendientes de las cifras de criminalidad o de las encuestas electorales. Es realmente interesante ver que sí, que hay intereses políticos detrás y todo eso. Pero yendo más allá resulta que muchas veces sí que funciona, que no todo está basado en complots políticos, que el electorado se basa en esas cifras para criticar o alabar a sus cargos públicos. Y que muchas veces ese mismo electorado no se para a pensar profundamente en las ventajas o desventajas de ciertas políticas públicas en relación con el mercado de la droga, por ejemplo (el caso de Hamsterdam; no soy más explícito en estos temas por no joder la serie a quien no la haya visto). Me estoy refiriendo básicamente a lo que se entiende como “opinión pública”, esa cosa tan extraña. Todo esto forma una telaraña de intereses, opiniones y actitudes con respecto al crimen y al mundo de la droga que es jodidamente difícil de desentrañar. ‘The Wire’ es el espejo de estas cuestiones. Nadie tiene la culpa de nada y todo el mundo tiene la culpa de todo. Las diferentes interpretaciones son las que cada uno quiere que sean. Creo que ese es uno de sus grandes logros.

    Resumiendo: hay mucha sustancia en ‘The Wire’.

    Se acaba de poner a llover en la huerta… que noche tan fresca va a ser la de hoy.
    Besicos.

    • moltosito

      Shiiiiiiiiiiiiiiiit!! Todas estas cosas, no sé si tan bien explicadas, las iba a poner yo en la tercera entrada que iba a hacer sobre The Wire. La entrada para gente que ya la ha visto, esperando a que Benja, Mercedes y tú acabaseis con ella. Pero bueno, ahí lo llevas.
      La puta sociología te arde por dentro.
      Ayer me mamé con Benja y Chulen de mala manera

  2. Kicks

    Sí, yo tiro para lo mío. El tema es que echo de menos la sociología, y por eso (como bien dices) me quema por dentro.

    Benja y Chulen son unos jodidos.

    Echo de menos salir, mamarme un poquito. No mucho, pero al menos hacerlo un día sí, jejejje

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