Música Edipo

El concepto música Edipo lo creamos Lorenzo y yo un día bajo los efectos del THC mientras le enseñaba canciones que escuchaba de pequeño cuando mi madre me llevaba en coche, o los días de otoño por la tarde. Son esos artistas, que aunque a mucha gente le cuesta creer, llevo escuchando toda mi vida. Como mañana me voy a ver a Leonard Cohen con mis padres y el Quique, pues he decidido escribir sobre ello.

La música Edipo cuenta en sus filas con, obviamente Leonard Cohen y también con los obvios Beatles, pero de ellos no voy a hablar que estaréis hasta los huevos del Abbey Road y lo gilipollas que eran Lennon y McCartney hacia el final de la banda. Pero sí hablaré de Neil Young, Simon & Garfunkel, Van Morrison o Bruce Springsteen, que llenaron mis viajes en coche.

Desde muy pequeño recuerdo a Neil Young, porque había una cinta circulando de su disco “Harvest Moon” de 1992, entre otros temazos yo recuerdo especialmente dos: “War of  Men” y el tema homónimo. La primera me gustaba mucho de pequeño pero la escuche hace poco y tendría mejor que haberme quedado con el recuerdo. Pero “Harvest Moon” es un temazo tan gordo, que incluso intenté aprendérmela con la guitarra. La luché pero nunca tenía el glamour que le daba Neil. De hecho me la sigo poniendo de vez en cuando y lo primero que me viene a la cabeza es mi madre conduciendo volviendo de Madrid de alguna de las miles de consultas del dentista a las que tuve que ir durante mi infancia. Con los brackets cayéndose debido a mi fuerte esmalte, Neil Young cantaba sobre el baile de la cosecha. Y por mucho tiempo que pase sin escuchar la canción, siempre me acuerdo de la letra y siempre me viene ese recuerdo a la cabeza.

En cambio, de Simon & Garfunkel, con cachondeo añadido ya que Art y yo a veces usamos el mismo corte de pelo, recuerdo más domingos por la mañana que otra cosa. SObre todo cuando escucho “Bridge over troubled water” o “Scarborough Fair”, claro que los recuerdos de esta última canción están salpicados por el robot que la canta en un capítulo de Futurama. Pese a que el dúo me gusta, tampoco es la música que más relaciono con los viajes en coche con mi madre, con sus guantes de cabritilla, aunque si el “Graceland” de Paul Simon, tan en boga ahora por la reivindicación de Vampire Weekend y Dirty Projectors. Esa cinta ha estado siempre en alguno de los coches de mi casa.

Bruce Springsteen merece capítulo a parte, porque era algo así como la mezcla entre ídolo y sex symbol. En mi casa sobre todo se ha escuchado “The River” en vinilazo… ahí es nada. Teníamos el “Tunnel of lOve” en el coche pero era una buena mierda, quitando un pastelito de canción que no recuerdo como se llamaba, pero que utlizaron en alguna peli ochentera. Pero “The RIver” es una delicia. Más yanqui no puede ser (no espera sí, “Born in the USA”), y de entrañable y esa canción singleazo con el surco destruido de tanto ponerlo que es “HUngry Heart”… madre mía. Doña Isabel todavía guarda en su cartera la entrada del concierto del Boss del Calderón en el año 1982 o por ahí, creo que yo estaba pensado pero ni mucho menos concretado.

Van Morrison será de los que más me ha acabado gustando con el tiempo. El problema es que mi madre siempre ha escuchado a un Van Morrison que no molaba tanto, un poco mayor y ya un poco gilipollas, aunque glorioso de todas maneras. Claro que hubo un punto en el que el pequeño Saltamontes compró el “Astral Weeks” y le dio la vuelta a la tortilla enseñándole a madre lo que de verdad daba de sí el león de Belfast. Una vez escuchas “Ballerina”, “Beside you” o “The Way young lovers do”, dejas de ser el que eras para convertirte en alguien mejor.

Pero Leonard Cohen está en otra liga totalmente diferente. Mi madre tenía en casa el mítico best of, que también tiene Quique, en el que Cohen hace un pequeño comenatario sobre cada canción incluida. Solo el comentario ya te pone los pelos como escarpias. Después tenía su primer álbum y el infravalorado “New Skin for the old ceremony” en cinta para el coche. Lo que se me viene a la cabeza cuando escucho el “New skin…” es el mini traqueteando de noche bajando por la cuesta de los hoyos después de haber cenado de tapas una noche de verano, probablemente en las Cuevas de San Esteban, donde una vez llevé al Charlie y Maral, aquella chica armeno-canadiense.

Mi madre me contó hace poco que la primera vez que escuchó a Leonard Cohen fue en Francia, en uno de esos viajes de verano a los que iban mi madre y mis tíos. Fue en 1969, y pusieron “The Partisan” por la radio. Y dice que desde entonces no ha parado de escucharlo. Con eso, yo llevo toda mi vida, consciente o inconscientemente escuchando a Leonard Cohen, unas veces con más intensidad que otras. La última visita de María Eugenia por Madrid, coincidió con una temporadita en la que estaba todo el día escuchándole. Es curioso porque a mi siempre me ha gustado empaparme con su música en otoño o en su defecto, de noche. Pero esto fue a finales de julio cuando el calor empezaba a poner los cojones encima de la mesa (y todavía no los ha quitado). También hubo una época en que Mercedes me relacionaba con Leonard Cohen y la verdad es que a mí me encantaba.

Así que nuestra cita de mañana tiene mucho de celebración: su cunpleaños, su recuperación, su 30 aniversario de boda y los 40 años de escuchar a Mr. Cohen. Son muchas cosas y tengo muchas razones para estar un poquito enmadrao.

LOS TEMAZOS:

PD: podría liarme a poner canciones de Leonard y no paraba

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Un Comentario

  1. Elena

    Don Manuel ponía “light my fire” de The Doors, me cogía de la mano y movíamos el culo y los pies. yo con mi medio metro y él con sus gafotas

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